martes, 3 de noviembre de 2026

Alzad la mirada y creced en humanidad

El camino de la Iglesia pasa por el hombre, es decir, mujeres y hombres en cuanto personas concretas a quienes ella mira con los ojos de Jesucristo, lo cual supone una gran exigencia. Y si los pastores sagrados o los fieles no lo consiguen a veces es por no encarnar bien el Evangelio del amor y la esperanza.

Lo muestra la presencia del Papa León XIV en CEDIA centro de acogida de Caritas en Carabanchel el mismo día de su llegada para escuchar a la joven cubana Niurka acogida con sus dos bebés gemelos, y al joven senegalés Khadri que ha pasado de ser acogido a ser acogedor de otros.

«Alzad la mirada», Jn 4,35, ha sido el lema de este viaje pontificio y en verdad bien elegido en las palabras que Jesucristo dirige a los discípulos en Sicar. Quiere que estos discípulos desconcertades entiendan la transformación de aquella mujer samaritana, que deja su cántaro en el pozo y corre a anunciar al pueblo que el Mesías está con ellos: ha cambiado de pecadora y evangelizadora de una noticia o gran buena nueva: Dios salvador está con nosotros.

La voz de León XIV

Estos días hemos comprobado la verdad de esas palabras en los actos protagonizados por León XIV y por todos. En pocos días ha puesto el horizonte más alto y seremos capaces de superar los enfrentamientos, la fragmentación y la desunión. Es el deseo expresado por el Pontífice en su primer discurso ante las autoridades: ««confirmar, alentar e inspirar (…) una reconciliación y una cooperación más profundas entre las distintas fuerzas de esta Nación». Suena como alusión indirecta al espíritu de la Transición pues «la propia historia de España sugiere que no es la cultura del enfrentamiento, sino la del encuentro, la que genera estabilidad y prosperidad».

Y concluía su discurso en la misma línea: «Al mismo tiempo, animo a cultivar también en su interior el diálogo y la amistad social, a tener en cuenta las perspectivas de los pobres y los jóvenes al imaginar el futuro, a armonizar las demandas de autonomía y de unidad, y a impulsar el proceso de unión europea, no en oposición a otras potencias, sino como un don para toda la familia humana».

Humanidad magnifica y herida

La reciente encíclica del León XIV es extensa e intensa como actualización de la Doctrina social de la Iglesia en nuestro tiempo, un cambio de época que requiere nuevos proyectos. Entre tantas ideas y principios me referiré a un aspecto nuclear si bien hay otros muchos también importantes.

Se trata de la dignidad de toda persona humana en sentido ontológico y todo lo que de esto deriva. Las técnicas y las ciencias que las sostienen deben estar al servicio de las personas, algo que casi todos admiten aunque su realización no siempre sea fácil.

Este documento del papa León XIV se refiere a las ideologías del transhumanismo y el posthumanismo como intentos de superar los límites de la vida humana, sea en su origen o en su término. Por ello Magnifica humanitas observa que «la humanidad —magnífica y herida— no debe ser sustituida ni superada; puede acoger los progresos de la técnica para aliviar los sufrimientos y abrir posibilidades nuevas, siempre que no reniegue de aquello que la hace ser ella misma, es decir, la capacidad de relación y de amor. A este punto se impone una pregunta decisiva: si existe un auténtico “más que humano”, ¿dónde se encuentra? La fe cristiana responde indicando una plenitud que no deriva de una divinización tecnológica, sino de aquella que produce la gracia de Dios, recibida en Cristo».

Muchos científicos y pensadores tienen la preocupación de preservar la dignidad de toda persona desde su origen. En cambio, algunos no ven inconvenientes en la experimentación con embriones, primando el objetivo de superar enfermedades y alcanzar mejores capacidades. Sin embargo lo que es válido para los animales no puede serlo con los seres humanos, y la razón no es tan difícil de entender porque la generación es primordialmente una tarea de amor, entre una mujer y un hombre. Y sí, sabemos que a veces no hay amor en esa unión pero aun estos casos penosos, la naturaleza de esa relación soporta el mínimo humano de la criatura concebida. Lo que no parece válido es el recurso a una técnica de laboratorio para engendrar a una persona porque lesiona en su origen su dignidad, y menos a fabricar embriones para desechar los menos válidos en un proceso de eugenesia racista.

Sí, se puede mejorar

El viaje de León XIV a España ha encarnado la parábola del sembrador que expuso Jesucristo a las gentes y explicaba después a los apóstoles: «Vosotros, pues, oíd lo que significa la parábola del sembrador: si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe. Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno» (Mateo 13,18-23) .

Cada uno puedo aplicarse la enseñanza y reflexionar acerca de la eficacia de las palabras del Santo Padre en su corazón y en sus obras, pues me parece que nadie desea que el entusiasmo vivido estas importantes jornadas se extinga como un fuego de bengala. Las parroquias, las instituciones formativas y solidarias de la Iglesia, los movimientos apostólicos, y los colegios podemos ser altavoz y recuerdo para encarnar estos mensajes pontificios y mejorar notablemente nuestras familias, nuestros trabajos, nuestra política, y en suma nuestra convivencia social.

Además la elección de España como país europeo importante para este viaje apostólico puede indicar que el Papa confía en nuestra historia, en la fe transmitida al Nuevo Continente, y los lazos de aquellas tierras con la madre patria. El bien hecho a esas sociedades durante siglos puede borrar las manchas de abusos cometidos a pesar de la fe y la cultura.

En pocas palabras resumía el Card. Cobo el mensaje trascendente de León XIV anclado en Jesucristo que enseña al hombre quién es el hombre, todo hombre: « No plantea una cuestión confesional, sino profundamente humana: cómo reconstruir sociedades capaces de cuidar, dialogar, convivir y proteger la dignidad de todos».

 

León XIV convaleciente y activo

El papa León XIV se ha recuperado bien en el Policlínico Gemelli de la reciente intervención exitosa gracias a los médicos, gracias a Dios y a las oraciones intensas de los fieles que rezamos por el padre común de la Iglesia de Jesucristo. Miles de personas estaban este domingo pasado en la Plaza de San Pedro para rezar el Ángelus y demostrar su cariño. Por ahora se mantiene el viaje pastoral por varios países de América del Sur.

 Meditando sus mensajes en Metz y Madrid

Muchos seguimos meditando las palabras del Papa en el viaje a España en junio de este año 2026. Y también como más reciente las enseñanzas del viaje a Francia. Posiblemente León XIV con la Curia romana ha elegido estos dos primeros viajes a dos naciones de nuestra Europa actual por su importancia en la historia del continente y del mundo. Entre sus homilías, alocuciones y discursos me referiré tan solo a las que ha dirigido a los políticos en Metz y en Madrid.

En el último día del viaje a Francia el Papa se refería a los valores que han configurado a Europa en el pasado y siguen válidos para el futuro, más cuando sufrimos crisis sociales y estamos en un cambio de época.

 A Europa desde Metz

Como es sabido, Robert Schuman ha sido principal promotor de la Europa comunitaria, germen de la actual Unión Europea. Allí el Romano Pontífice pronunció un importante discurso ante los políticos, recordando el patrimonio espiritual y moral, antes que económico y político, de Europa impulsado en la historia del siglo XX por hombres y mujeres que han vivido y compartido las enseñanzas del Evangelio: «De allí se han transmitido los fundamentos morales del mundo en el que vivimos: principios como la primacía de la persona y el carácter sagrado e inviolable de la vida humana, en todas sus fases y en toda circunstancia; la tutela de la libertad de los individuos; la importancia esencial de la familia como fundamento de la sociedad; la atención a los pobres y a los más necesitados; la acogida del extranjero y el respeto a los ancianos».

Son las bases de la civilización que vivimos recordadas con frecuencia por los últimos Pontífices de la Iglesia y por el mismo León XIV: primacía de la persona, carácter sagrado de la vida humana, la libertad inviolable de cada persona, la familia como base de loa sociedad, la atención a los necesitados y vulnerables en una sociedad que debe ser más solidaria. Y en definitiva el reconocimiento del carácter sagrado de la persona humana que mira al prójimo como otro hijo de Dios. Evidentemente hay mucho que hacer para transmitir a las próximas generaciones los principios que permiten convivir en paz y elevar a mirada al cielo.

A España desde el Congreso

Cómo no recordar las palabras de León XIV en el Congreso de los Diputados algunos principios básicos coincidentes desde la fe y la razón: «La defensa de la vida humana no es una cuestión parcial ni un interés confesional: es una meta de civilización. Toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural, en cada circunstancia de su existencia. Cuando esta certeza se oscurece, los más vulnerables son las primeras víctimas y la ley pierde su significado más profundo: servir y proteger a cada persona. Por eso, la grandeza moral de una nación se manifiesta, sobre todo, en su capacidad de acompañar, proteger y amar aquellas vidas que atraviesan mayor fragilidad. (…)

»En este contexto, reviste particular importancia la familia, realidad humana primera y fundamento natural de la comunidad. En el hogar se entrelazan las generaciones y se transmite una memoria viva que da continuidad interior a la sociedad. Allí donde la familia es sostenida, se fortalece también la estabilidad espiritual y social de las naciones. La familia será siempre la primera escuela de humanidad en la que se aprende, antes que en cualquier otro lugar, la gramática elemental de la convivencia: recibir la vida, cuidar al otro, perdonar, servir y pertenecer».

Tomamos nota de los mensajes de esperanza que León XIV ha dejado entre nosotros cuando se acercan elecciones legislativas para conocer a las personas y los mensajes los partidos, sabiendo discernir la consistencia de los valores propuestos y la coherencia de vida, aun sabiendo que ninguno de ellos puede encarnar el Evangelio que está por encima de la política.

 Luz de fe en las vidrieras

También en la Catedral de Metz el Papa se fijaba en la belleza de sus vidrieras historiadas, verdadero catecismo de la fe cristiana sobre Dios, sobre el hombre, sobre el trabajo y sobre la convivencia. En efecto, las vidrieras de tantas catedrales en Europa y luego en otros continentes explican la fe y la celebran cuando los libros eran escasos, y el gran público se formaba con la contemplación de las imágenes y en la escucha de los predicadores. León XIV se refería entonces a las vidrieras «como la” biblia pauperum”, fuente oración y meditación a través de reflejos de miles de colores».

A la vista de esta Linterna de Dios, invitaba a la esperanza para que Europa siga dando frutos de fe y de convivencia en la paz de las conciencias: «Sin estas vidrieras, las ventanas de la catedral de Saint Étienne no serían más que espacios inundados de una luz enceguecedora. Con las vidrieras, se convierten en libros que nos reúnen para recordar historias maravillosas, llenas de heroísmo, de bondad, de misericordia, de amor y de belleza moral, de las que a su vez debemos ser testigos generosos y valientes. Este es el deseo que comparto con ustedes, con gratitud y confianza, al finalizar mi viaje a Francia, para su comunidad de Metz, llamada hoy más que nunca a ser un faro de esperanza para este país, para Europa y para el mundo, encomendándola a las oraciones de la Virgen María y de sus santos patronos».

El arte de las vidrieras multiplica los colores, tamiza la luz, y crea una atmósfera espiritual que llega a su plenitud cuando se celebra en el templo la Misa dominical, un acto eucarístico, o una procesión, en armonía con el órgano y el coro. Entonces sí parece que la Iglesia en la tierra comunica con el Cielo.

 

Jesús Ortiz López

 

Una historia para recordar

Conocer la historia de España es saber de sus hazañas, de la unidad conseguida con mucho esfuerzo frente a las invasiones musulmanas, y otras varias como la invasión de Napoleón a partir de 1808, fecha no olvidada por el desastre que ha supuesto. Después vendría la desamortización de Mendizábal que completó ese desastre causado por los franceses.

Todo ello es parte de la historia de siglos con la monarquía de los Austrias y luego de los Borbones cuando España fue un imperio poderoso. Mucha de esta historia se muestra en tantos museos y entre ellos la actual Galería de Colecciones Reales en Madrid, si bien supone una parte mínima del patrimonio histórico y artístico de la monarquía española. También se conservan tantas maravillas de arte en los palacios del Patrimonio Nacional vinculados a la monarquía, aunque muchas más obras han desaparecido por las guerras y la rapiña que roba en poco tiempo lo que ha costado décadas y siglos en levantar. Una obra reciente expone el gran expolio causado por las tropas de Napoleón y lleva precisamente por subtítulo: «Crónica del mayor saqueo del Patrimonio Español»[1].

El gran saqueo por las tropas de Napoleón

España fue la úlcera sangrante de Napoleón y el inicio de su caída. Pero también fue un paraíso para sus mariscales, verdaderos profesionales del saqueo. La entrada de las tropas napoleónica en 1808 no trajo las reformas que cantaron los afrancesados, sino el robo de todo lo que encontraron o destruyeron, afirma el autor en el prólogo. Y añade que de Sevilla se llevaron casi mil cuadros; en Burgos, profanaron el sepulcro del Cid así como la Cartuja de Miraflores, y también el Monasterio de las Huelgas; en León la catedral y en san Isidoro con las pinturas de la cripta consideradas como la Sixtina del románico; en Madrid, saquearon los palacios reales; en Granada, quisieron destruir la Alhambra, y un largo etcétera.

No se trata solo de recordar un elenco de los robos ni de un lamento estéril sino de conocer algo de la cultura y riqueza desarrollada durante siglos, y de cuidar el patrimonio que ahora tenemos, aunque haya disminuido notablemente. A manos de Napoleón y sus generales los palacios han sufrido el mayor expolio, rapiña, y depredación de su historia. Además los despojos iban a Francia o a manos de José I Napoleón y, aunque algunas piezas se pudieron recuperar, la mayoría han acabado en manos ajenas como fruto del gran saqueo.

El libro de Del Junco recoge la documentación de los robos en el Monasterio de El Escorial, las joyas de la Corona de Española, los palacios de Buen Retiro, el Pardo y el Palacio Real en Madrid; el saqueo de Córdoba y Zaragoza; los robos en Granada y La Alhambra; los expolios en Sevilla, y también en el importante archivo de Simancas.

Aprender algo de unos desastres

No es lo mismo tener una información general del expolio llevado a cabo por las tropas de Napoleón, que comprobar con datos precisos y listas detalladas de las muchas obras robadas en tan poco tiempo, perdidas muchas o expuestas hoy en tantos museos del mundo. El autor dedica muchas páginas a la lista documentada de objetos robados y desaparecidos que han empobrecido el Patrimonio de España. El último capítulo lo dedica la pregunta del millón: ¿Por qué se devuelven las obras robadas por los nazis en la Segunda Guerra Mundial y no se devuelven la obras robadas por los franceses en la invasión napoleónica? Parece que el tiempo no cura nada ni restablece la justicia de los bienes rapiñados.

Ya que no hemos recuperado muchísimas obras de arte ni el esplendor de muchas catedrales y templos, palacios y tierras al menos conviene conocer la magnitud del desastre, para aprender algo de la historia.

El autor aclara que esta obra ha pretendido escribir un libro de divulgación, evitando muchos detalles prolijos y datos circunstanciales, pues se ha limitado a referir los saqueos más importantes. Emplea un estilo sencillo y coloquial en dependencia de conferencias y sesiones para darlo a conocer a un amplio sector del público y sensibilizar sobre unos puntos de nuestra historia moderna. Incluye al final una parte de la bibliografía estudiada.

Hace una dedicatoria y quienes han minimizado el alcance de estos expolios de Napoleón, y escribe con ironía: «A todos aquellos que opinan que los franceses nos trajeron la modernidad y querían sacarnos de nuestra ignorancia y de nuestro atraso». Y resume la magnitud de los desastres sobre el patrimonio artístico español, en tres periodos lamentables: la invasión napoleónica, la tremenda desamortización de Mendizábal, y la penosa Guerra Civil.

 

Jesús Ortiz López

 

https://exaudi.org/es/una-historia-para-recordar/

 



[1] Francisco García del Junco. Los robos de Napoleón en España. La esfera de los libros. 2026, 430 págs.