martes, 3 de noviembre de 2026

Alzad la mirada y creced en humanidad

El camino de la Iglesia pasa por el hombre, es decir, mujeres y hombres en cuanto personas concretas a quienes ella mira con los ojos de Jesucristo, lo cual supone una gran exigencia. Y si los pastores sagrados o los fieles no lo consiguen a veces es por no encarnar bien el Evangelio del amor y la esperanza.

Lo muestra la presencia del Papa León XIV en CEDIA centro de acogida de Caritas en Carabanchel el mismo día de su llegada para escuchar a la joven cubana Niurka acogida con sus dos bebés gemelos, y al joven senegalés Khadri que ha pasado de ser acogido a ser acogedor de otros.

«Alzad la mirada», Jn 4,35, ha sido el lema de este viaje pontificio y en verdad bien elegido en las palabras que Jesucristo dirige a los discípulos en Sicar. Quiere que estos discípulos desconcertades entiendan la transformación de aquella mujer samaritana, que deja su cántaro en el pozo y corre a anunciar al pueblo que el Mesías está con ellos: ha cambiado de pecadora y evangelizadora de una noticia o gran buena nueva: Dios salvador está con nosotros.

La voz de León XIV

Estos días hemos comprobado la verdad de esas palabras en los actos protagonizados por León XIV y por todos. En pocos días ha puesto el horizonte más alto y seremos capaces de superar los enfrentamientos, la fragmentación y la desunión. Es el deseo expresado por el Pontífice en su primer discurso ante las autoridades: ««confirmar, alentar e inspirar (…) una reconciliación y una cooperación más profundas entre las distintas fuerzas de esta Nación». Suena como alusión indirecta al espíritu de la Transición pues «la propia historia de España sugiere que no es la cultura del enfrentamiento, sino la del encuentro, la que genera estabilidad y prosperidad».

Y concluía su discurso en la misma línea: «Al mismo tiempo, animo a cultivar también en su interior el diálogo y la amistad social, a tener en cuenta las perspectivas de los pobres y los jóvenes al imaginar el futuro, a armonizar las demandas de autonomía y de unidad, y a impulsar el proceso de unión europea, no en oposición a otras potencias, sino como un don para toda la familia humana».

Humanidad magnifica y herida

La reciente encíclica del León XIV es extensa e intensa como actualización de la Doctrina social de la Iglesia en nuestro tiempo, un cambio de época que requiere nuevos proyectos. Entre tantas ideas y principios me referiré a un aspecto nuclear si bien hay otros muchos también importantes.

Se trata de la dignidad de toda persona humana en sentido ontológico y todo lo que de esto deriva. Las técnicas y las ciencias que las sostienen deben estar al servicio de las personas, algo que casi todos admiten aunque su realización no siempre sea fácil.

Este documento del papa León XIV se refiere a las ideologías del transhumanismo y el posthumanismo como intentos de superar los límites de la vida humana, sea en su origen o en su término. Por ello Magnifica humanitas observa que «la humanidad —magnífica y herida— no debe ser sustituida ni superada; puede acoger los progresos de la técnica para aliviar los sufrimientos y abrir posibilidades nuevas, siempre que no reniegue de aquello que la hace ser ella misma, es decir, la capacidad de relación y de amor. A este punto se impone una pregunta decisiva: si existe un auténtico “más que humano”, ¿dónde se encuentra? La fe cristiana responde indicando una plenitud que no deriva de una divinización tecnológica, sino de aquella que produce la gracia de Dios, recibida en Cristo».

Muchos científicos y pensadores tienen la preocupación de preservar la dignidad de toda persona desde su origen. En cambio, algunos no ven inconvenientes en la experimentación con embriones, primando el objetivo de superar enfermedades y alcanzar mejores capacidades. Sin embargo lo que es válido para los animales no puede serlo con los seres humanos, y la razón no es tan difícil de entender porque la generación es primordialmente una tarea de amor, entre una mujer y un hombre. Y sí, sabemos que a veces no hay amor en esa unión pero aun estos casos penosos, la naturaleza de esa relación soporta el mínimo humano de la criatura concebida. Lo que no parece válido es el recurso a una técnica de laboratorio para engendrar a una persona porque lesiona en su origen su dignidad, y menos a fabricar embriones para desechar los menos válidos en un proceso de eugenesia racista.

Sí, se puede mejorar

El viaje de León XIV a España ha encarnado la parábola del sembrador que expuso Jesucristo a las gentes y explicaba después a los apóstoles: «Vosotros, pues, oíd lo que significa la parábola del sembrador: si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe. Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno» (Mateo 13,18-23) .

Cada uno puedo aplicarse la enseñanza y reflexionar acerca de la eficacia de las palabras del Santo Padre en su corazón y en sus obras, pues me parece que nadie desea que el entusiasmo vivido estas importantes jornadas se extinga como un fuego de bengala. Las parroquias, las instituciones formativas y solidarias de la Iglesia, los movimientos apostólicos, y los colegios podemos ser altavoz y recuerdo para encarnar estos mensajes pontificios y mejorar notablemente nuestras familias, nuestros trabajos, nuestra política, y en suma nuestra convivencia social.

Además la elección de España como país europeo importante para este viaje apostólico puede indicar que el Papa confía en nuestra historia, en la fe transmitida al Nuevo Continente, y los lazos de aquellas tierras con la madre patria. El bien hecho a esas sociedades durante siglos puede borrar las manchas de abusos cometidos a pesar de la fe y la cultura.

En pocas palabras resumía el Card. Cobo el mensaje trascendente de León XIV anclado en Jesucristo que enseña al hombre quién es el hombre, todo hombre: « No plantea una cuestión confesional, sino profundamente humana: cómo reconstruir sociedades capaces de cuidar, dialogar, convivir y proteger la dignidad de todos».

 

León XIV convaleciente y activo

El papa León XIV se ha recuperado bien en el Policlínico Gemelli de la reciente intervención exitosa gracias a los médicos, gracias a Dios y a las oraciones intensas de los fieles que rezamos por el padre común de la Iglesia de Jesucristo. Miles de personas estaban este domingo pasado en la Plaza de San Pedro para rezar el Ángelus y demostrar su cariño. Por ahora se mantiene el viaje pastoral por varios países de América del Sur.

 Meditando sus mensajes en Metz y Madrid

Muchos seguimos meditando las palabras del Papa en el viaje a España en junio de este año 2026. Y también como más reciente las enseñanzas del viaje a Francia. Posiblemente León XIV con la Curia romana ha elegido estos dos primeros viajes a dos naciones de nuestra Europa actual por su importancia en la historia del continente y del mundo. Entre sus homilías, alocuciones y discursos me referiré tan solo a las que ha dirigido a los políticos en Metz y en Madrid.

En el último día del viaje a Francia el Papa se refería a los valores que han configurado a Europa en el pasado y siguen válidos para el futuro, más cuando sufrimos crisis sociales y estamos en un cambio de época.

 A Europa desde Metz

Como es sabido, Robert Schuman ha sido principal promotor de la Europa comunitaria, germen de la actual Unión Europea. Allí el Romano Pontífice pronunció un importante discurso ante los políticos, recordando el patrimonio espiritual y moral, antes que económico y político, de Europa impulsado en la historia del siglo XX por hombres y mujeres que han vivido y compartido las enseñanzas del Evangelio: «De allí se han transmitido los fundamentos morales del mundo en el que vivimos: principios como la primacía de la persona y el carácter sagrado e inviolable de la vida humana, en todas sus fases y en toda circunstancia; la tutela de la libertad de los individuos; la importancia esencial de la familia como fundamento de la sociedad; la atención a los pobres y a los más necesitados; la acogida del extranjero y el respeto a los ancianos».

Son las bases de la civilización que vivimos recordadas con frecuencia por los últimos Pontífices de la Iglesia y por el mismo León XIV: primacía de la persona, carácter sagrado de la vida humana, la libertad inviolable de cada persona, la familia como base de loa sociedad, la atención a los necesitados y vulnerables en una sociedad que debe ser más solidaria. Y en definitiva el reconocimiento del carácter sagrado de la persona humana que mira al prójimo como otro hijo de Dios. Evidentemente hay mucho que hacer para transmitir a las próximas generaciones los principios que permiten convivir en paz y elevar a mirada al cielo.

A España desde el Congreso

Cómo no recordar las palabras de León XIV en el Congreso de los Diputados algunos principios básicos coincidentes desde la fe y la razón: «La defensa de la vida humana no es una cuestión parcial ni un interés confesional: es una meta de civilización. Toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural, en cada circunstancia de su existencia. Cuando esta certeza se oscurece, los más vulnerables son las primeras víctimas y la ley pierde su significado más profundo: servir y proteger a cada persona. Por eso, la grandeza moral de una nación se manifiesta, sobre todo, en su capacidad de acompañar, proteger y amar aquellas vidas que atraviesan mayor fragilidad. (…)

»En este contexto, reviste particular importancia la familia, realidad humana primera y fundamento natural de la comunidad. En el hogar se entrelazan las generaciones y se transmite una memoria viva que da continuidad interior a la sociedad. Allí donde la familia es sostenida, se fortalece también la estabilidad espiritual y social de las naciones. La familia será siempre la primera escuela de humanidad en la que se aprende, antes que en cualquier otro lugar, la gramática elemental de la convivencia: recibir la vida, cuidar al otro, perdonar, servir y pertenecer».

Tomamos nota de los mensajes de esperanza que León XIV ha dejado entre nosotros cuando se acercan elecciones legislativas para conocer a las personas y los mensajes los partidos, sabiendo discernir la consistencia de los valores propuestos y la coherencia de vida, aun sabiendo que ninguno de ellos puede encarnar el Evangelio que está por encima de la política.

 Luz de fe en las vidrieras

También en la Catedral de Metz el Papa se fijaba en la belleza de sus vidrieras historiadas, verdadero catecismo de la fe cristiana sobre Dios, sobre el hombre, sobre el trabajo y sobre la convivencia. En efecto, las vidrieras de tantas catedrales en Europa y luego en otros continentes explican la fe y la celebran cuando los libros eran escasos, y el gran público se formaba con la contemplación de las imágenes y en la escucha de los predicadores. León XIV se refería entonces a las vidrieras «como la” biblia pauperum”, fuente oración y meditación a través de reflejos de miles de colores».

A la vista de esta Linterna de Dios, invitaba a la esperanza para que Europa siga dando frutos de fe y de convivencia en la paz de las conciencias: «Sin estas vidrieras, las ventanas de la catedral de Saint Étienne no serían más que espacios inundados de una luz enceguecedora. Con las vidrieras, se convierten en libros que nos reúnen para recordar historias maravillosas, llenas de heroísmo, de bondad, de misericordia, de amor y de belleza moral, de las que a su vez debemos ser testigos generosos y valientes. Este es el deseo que comparto con ustedes, con gratitud y confianza, al finalizar mi viaje a Francia, para su comunidad de Metz, llamada hoy más que nunca a ser un faro de esperanza para este país, para Europa y para el mundo, encomendándola a las oraciones de la Virgen María y de sus santos patronos».

El arte de las vidrieras multiplica los colores, tamiza la luz, y crea una atmósfera espiritual que llega a su plenitud cuando se celebra en el templo la Misa dominical, un acto eucarístico, o una procesión, en armonía con el órgano y el coro. Entonces sí parece que la Iglesia en la tierra comunica con el Cielo.

 

Jesús Ortiz López

 

Una historia para recordar

Conocer la historia de España es saber de sus hazañas, de la unidad conseguida con mucho esfuerzo frente a las invasiones musulmanas, y otras varias como la invasión de Napoleón a partir de 1808, fecha no olvidada por el desastre que ha supuesto. Después vendría la desamortización de Mendizábal que completó ese desastre causado por los franceses.

Todo ello es parte de la historia de siglos con la monarquía de los Austrias y luego de los Borbones cuando España fue un imperio poderoso. Mucha de esta historia se muestra en tantos museos y entre ellos la actual Galería de Colecciones Reales en Madrid, si bien supone una parte mínima del patrimonio histórico y artístico de la monarquía española. También se conservan tantas maravillas de arte en los palacios del Patrimonio Nacional vinculados a la monarquía, aunque muchas más obras han desaparecido por las guerras y la rapiña que roba en poco tiempo lo que ha costado décadas y siglos en levantar. Una obra reciente expone el gran expolio causado por las tropas de Napoleón y lleva precisamente por subtítulo: «Crónica del mayor saqueo del Patrimonio Español»[1].

El gran saqueo por las tropas de Napoleón

España fue la úlcera sangrante de Napoleón y el inicio de su caída. Pero también fue un paraíso para sus mariscales, verdaderos profesionales del saqueo. La entrada de las tropas napoleónica en 1808 no trajo las reformas que cantaron los afrancesados, sino el robo de todo lo que encontraron o destruyeron, afirma el autor en el prólogo. Y añade que de Sevilla se llevaron casi mil cuadros; en Burgos, profanaron el sepulcro del Cid así como la Cartuja de Miraflores, y también el Monasterio de las Huelgas; en León la catedral y en san Isidoro con las pinturas de la cripta consideradas como la Sixtina del románico; en Madrid, saquearon los palacios reales; en Granada, quisieron destruir la Alhambra, y un largo etcétera.

No se trata solo de recordar un elenco de los robos ni de un lamento estéril sino de conocer algo de la cultura y riqueza desarrollada durante siglos, y de cuidar el patrimonio que ahora tenemos, aunque haya disminuido notablemente. A manos de Napoleón y sus generales los palacios han sufrido el mayor expolio, rapiña, y depredación de su historia. Además los despojos iban a Francia o a manos de José I Napoleón y, aunque algunas piezas se pudieron recuperar, la mayoría han acabado en manos ajenas como fruto del gran saqueo.

El libro de Del Junco recoge la documentación de los robos en el Monasterio de El Escorial, las joyas de la Corona de Española, los palacios de Buen Retiro, el Pardo y el Palacio Real en Madrid; el saqueo de Córdoba y Zaragoza; los robos en Granada y La Alhambra; los expolios en Sevilla, y también en el importante archivo de Simancas.

Aprender algo de unos desastres

No es lo mismo tener una información general del expolio llevado a cabo por las tropas de Napoleón, que comprobar con datos precisos y listas detalladas de las muchas obras robadas en tan poco tiempo, perdidas muchas o expuestas hoy en tantos museos del mundo. El autor dedica muchas páginas a la lista documentada de objetos robados y desaparecidos que han empobrecido el Patrimonio de España. El último capítulo lo dedica la pregunta del millón: ¿Por qué se devuelven las obras robadas por los nazis en la Segunda Guerra Mundial y no se devuelven la obras robadas por los franceses en la invasión napoleónica? Parece que el tiempo no cura nada ni restablece la justicia de los bienes rapiñados.

Ya que no hemos recuperado muchísimas obras de arte ni el esplendor de muchas catedrales y templos, palacios y tierras al menos conviene conocer la magnitud del desastre, para aprender algo de la historia.

El autor aclara que esta obra ha pretendido escribir un libro de divulgación, evitando muchos detalles prolijos y datos circunstanciales, pues se ha limitado a referir los saqueos más importantes. Emplea un estilo sencillo y coloquial en dependencia de conferencias y sesiones para darlo a conocer a un amplio sector del público y sensibilizar sobre unos puntos de nuestra historia moderna. Incluye al final una parte de la bibliografía estudiada.

Hace una dedicatoria y quienes han minimizado el alcance de estos expolios de Napoleón, y escribe con ironía: «A todos aquellos que opinan que los franceses nos trajeron la modernidad y querían sacarnos de nuestra ignorancia y de nuestro atraso». Y resume la magnitud de los desastres sobre el patrimonio artístico español, en tres periodos lamentables: la invasión napoleónica, la tremenda desamortización de Mendizábal, y la penosa Guerra Civil.

 

Jesús Ortiz López

 

https://exaudi.org/es/una-historia-para-recordar/

 



[1] Francisco García del Junco. Los robos de Napoleón en España. La esfera de los libros. 2026, 430 págs.

domingo, 6 de septiembre de 2026

Alzad la mirada y creced en humanidad

El camino de la Iglesia pasa por el hombre, es decir, mujeres y hombres en cuanto personas concretas a quienes ella mira con los ojos de Jesucristo, lo cual supone una gran exigencia. Y si los pastores sagrados o los fieles no lo consiguen a veces es por no encarnar bien el Evangelio del amor y la esperanza.

Lo muestra la presencia del Papa León XIV en CEDIA centro de acogida de Caritas en Carabanchel el mismo día de su llegada para escuchar a la joven cubana Niurka acogida con sus dos bebés gemelos, y al joven senegalés Khadri que ha pasado de ser acogido a ser acogedor de otros.

«Alzad la mirada», Jn 4,35, ha sido el lema de este viaje pontificio y en verdad bien elegido en las palabras que Jesucristo dirige a los discípulos en Sicar. Quiere que estos discípulos desconcertades entiendan la transformación de aquella mujer samaritana, que deja su cántaro en el pozo y corre a anunciar al pueblo que el Mesías está con ellos: ha cambiado de pecadora y evangelizadora de una noticia o gran buena nueva: Dios salvador está con nosotros.

 La voz de León XIV

Estos días hemos comprobado la verdad de esas palabras en los actos protagonizados por León XIV y por todos. En pocos días ha puesto el horizonte más alto y seremos capaces de superar los enfrentamientos, la fragmentación y la desunión. Es el deseo expresado por el Pontífice en su primer discurso ante las autoridades: ««confirmar, alentar e inspirar (…) una reconciliación y una cooperación más profundas entre las distintas fuerzas de esta Nación». Suena como alusión indirecta al espíritu de la Transición pues «la propia historia de España sugiere que no es la cultura del enfrentamiento, sino la del encuentro, la que genera estabilidad y prosperidad».

Y concluía su discurso en la misma línea: «Al mismo tiempo, animo a cultivar también en su interior el diálogo y la amistad social, a tener en cuenta las perspectivas de los pobres y los jóvenes al imaginar el futuro, a armonizar las demandas de autonomía y de unidad, y a impulsar el proceso de unión europea, no en oposición a otras potencias, sino como un don para toda la familia humana».

Humanidad magnifica y herida

La reciente encíclica del León XIV es extensa e intensa como actualización de la Doctrina social de la Iglesia en nuestro tiempo, un cambio de época que requiere nuevos proyectos. Entre tantas ideas y principios me referiré a un aspecto nuclear si bien hay otros muchos también importantes.

Se trata de la dignidad de toda persona humana en sentido ontológico y todo lo que de esto deriva. Las técnicas y las ciencias que las sostienen deben estar al servicio de las personas, algo que casi todos admiten aunque su realización no siempre sea fácil.

Este documento del papa León XIV se refiere a las ideologías del transhumanismo y el posthumanismo como intentos de superar los límites de la vida humana, sea en su origen o en su término. Por ello Magnifica humanitas observa que «la humanidad —magnífica y herida— no debe ser sustituida ni superada; puede acoger los progresos de la técnica para aliviar los sufrimientos y abrir posibilidades nuevas, siempre que no reniegue de aquello que la hace ser ella misma, es decir, la capacidad de relación y de amor. A este punto se impone una pregunta decisiva: si existe un auténtico “más que humano”, ¿dónde se encuentra? La fe cristiana responde indicando una plenitud que no deriva de una divinización tecnológica, sino de aquella que produce la gracia de Dios, recibida en Cristo».

Muchos científicos y pensadores tienen la preocupación de preservar la dignidad de toda persona desde su origen. En cambio, algunos no ven inconvenientes en la experimentación con embriones, primando el objetivo de superar enfermedades y alcanzar mejores capacidades. Sin embargo lo que es válido para los animales no puede serlo con los seres humanos, y la razón no es tan difícil de entender porque la generación es primordialmente una tarea de amor, entre una mujer y un hombre. Y sí, sabemos que a veces no hay amor en esa unión pero aun estos casos penosos, la naturaleza de esa relación soporta el mínimo humano de la criatura concebida. Lo que no parece válido es el recurso a una técnica de laboratorio para engendrar a una persona porque lesiona en su origen su dignidad, y menos a fabricar embriones para desechar los menos válidos en un proceso de eugenesia racista.

 Sí, se puede mejorar

El viaje de León XIV a España ha encarnado la parábola del sembrador que expuso Jesucristo a las gentes y explicaba después a los apóstoles: «Vosotros, pues, oíd lo que significa la parábola del sembrador: si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe. Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno» (Mateo 13,18-23) .

Cada uno puedo aplicarse la enseñanza y reflexionar acerca de la eficacia de las palabras del Santo Padre en su corazón y en sus obras, pues me parece que nadie desea que el entusiasmo vivido estas importantes jornadas se extinga como un fuego de bengala. Las parroquias, las instituciones formativas y solidarias de la Iglesia, los movimientos apostólicos, y los colegios podemos ser altavoz y recuerdo para encarnar estos mensajes pontificios y mejorar notablemente nuestras familias, nuestros trabajos, nuestra política, y en suma nuestra convivencia social.

Además la elección de España como país europeo importante para este viaje apostólico puede indicar que el Papa confía en nuestra historia, en la fe transmitida al Nuevo Continente, y los lazos de aquellas tierras con la madre patria. El bien hecho a esas sociedades durante siglos puede borrar las manchas de abusos cometidos a pesar de la fe y la cultura.

En pocas palabras resumía el Card. Cobo el mensaje trascendente de León XIV anclado en Jesucristo que enseña al hombre quién es el hombre, todo hombre: « No plantea una cuestión confesional, sino profundamente humana: cómo reconstruir sociedades capaces de cuidar, dialogar, convivir y proteger la dignidad de todos».

 

 

Jesús Ortiz López  

Cielo e infierno, el bien y el mal

Con estos calores ¿se puede hablar del fuego del infierno? ¿y también en el frío invernal? ¿y en las otras estaciones del año? El bien y el mal están presentes de una forma u otra en la mayoría de las culturas, por no decir en todas, porque es la experiencia universal de sucesos felices y también del mal en sus múltiples formas de agredir a los humanos. Cada religión ha proporcionado alguna explicación acerca del mal, y además busca confortar a quien lo padece en pequeñas dosis y sobre todo en terribles y grandes ocasiones, como acaba de ocurrir en los terremotos en Venezuela.

Cielo e infierno

La antropología cristiana ha destacado siempre el carácter personal del hombre y su condición de interlocutor libre de Dios, sin trivializar nuestra libertad ni la triste realidad del mal, que está presente en el mundo y se opone a los planes de Dios y a la dignidad del ser humano. La fe católica sabe que Dios, como el mejor de padres,  nos ha creado para ser felices en la tierra y sobre todo en la eternidad. El Cielo, con mayúscula, es Dios mismo vivido en el amor definitivo siempre dándose y siempre creciente. Por eso lo escribimos con mayúscula, Cielo, que supera toda imaginación como escribe san Pablo: «Lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino a la mente del hombre lo que Dios ha preparado para los que aman» (1 Corintios 2,9), porque ahora vemos como en un espejo, borrosamente, mientras entonces veremos cara a cara. (13, 12)

En cambio, parece mejor escribir el infierno con minúscula, infierno, porque no es obra de Dios Amor sino de la gran rebelión de Satanás como odio inexplicable; y sí se puede escribir con mayúscula porque este ser diabólico es real y personal, no sólo una idea para personificar el mal.

Periódicamente se vuelve a tratar el tema del infierno, de Satanás, y de los demonios, con diversas opiniones y con tendencia a verlos como no reales de verdad. Porque a todos nos preocupa el mal para evitarlo, y en cambio el bien para disfrutarlo e intuimos que tiene mucho que ver con la libertad verdadera del hombre, condicionada ciertamente pero real en al vida práctica, y asequible a la reflexión filosófica y religiosa.

En este contexto se entiende la existencia del infierno establecido por el demonio y sus ángeles rebeldes, pero también como posibilidad real para el hombre que abusa de su libertad para rechazar a Dios. En cambio, escandalizarse por el infierno o negar su eternidad equivale a no creer en la libertad humana ni en la consistencia de la historia como misteriosa articulación de gracia y libertad.

Las exhortaciones de Jesucristo y las enseñanzas de la Iglesia a propósito del Infierno son una llamada a la responsabilidad y a la conversión: «Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la puerta y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que la encuentran» (Mateo 7,13-14).[1]

Líbranos del mal

La novela titulada «El niño con el pijama de rayas» narra la aventura del pequeño Bruno que se traslada con sus padres y su hermana adolescente Gretel de la ciudad al campo por el trabajo de su padre que es militar. Sale perdiendo con el cambio y se aburre casi encerrado en el caserón donde viven, hasta que encuentra un niño -que viste un extraño pijama de rayas- y establece amistad con él. No sabe Bruno que su padre es el comandante del campo de concentración para judíos tratados como ganado, y que van siendo eliminados en las cámaras de gas.

Esta obra es un canto a la amistad, al respeto al diferente, un homenaje a la inocencia. Pero es un cuento que acaba mal e invita a la reflexión sobre la dinámica del mal, la espiral del pecado que todo lo arroya. De ahí que tenga mucho sentido la petición que hacemos todos los días en el Padrenuestro: «No nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal».

Los cristianos rezamos muchas veces el Padrenuestro, la oración que el mismo Jesucristo nos enseñó, pues responde a nuestra necesidad de la gracias de Dios para vencer el pecado y las dificultades de la vida. No es un Dios lejano e indiferente a la suerte de los hombres, porque somos hechura suya, creados por la Dios tres veces personal a su imagen y semejanza, es decir, llamados a participar de la intimidad de la familia divina, pues nuestro Dios es único pero no solitario. Cada uno puede vislumbrarlo al explicarse la necesidad de amor que tiene y que sólo se satisface en la familia y la amistad, en las relaciones interpersonales, donde cada uno es querido por quién es y no por lo que tiene.

Jesús enseña que la oración es hablar con Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo desde la humildad del que conoce un poco que toda su vida es don y sabe estar en su sitio con soltura, lejos del orgullo de la autosuficiencia. Por eso, en el Padrenuestro el Señor Jesús nos muestra que somos hijos de Dios y hablamos con sencillez, honrándole como Padre común que nos destina a una felicidad eterna en el Cielo. Después hacemos nuestras peticiones, siete en concreto, que contienen todo lo esencial para vivir en la tierra como buenos hijos de Dios, hermanos de Jesucristo y de todos los hombres.

De modo que no está de más tratar con frecuencia del Cielo de Dios Personal y su contraste radical con el infierno también personal, tanto en un verano achicharrante como en un invierno gélido. Porque cada día tiene dimensión de eternidad al adherirse cada uno libremente a los bienes, reflejo del Bien Absoluto, o bien para elegir personalmente el mal.

Hay pues calores que abrasan y destruyen en contraste con otros fervores del amor que construyen y hacen felices. Algo de esto sabía el sabio y santo Agustín de Hipona cuando decía: «¡Tiempos malos, tiempos difíciles!, dicen los hombres. Vivamos bien, y los tiempos serán buenos. Los tiempos somos nosotros: como somos nosotros, así son los tiempos. ¿Qué hacer, pues? Quizá no podemos convertir a todos los hombres; procuren vivir bien, por lo menos los pocos que me están oyendo, y ese reducido número de los buenos soporte la multitud de los malos. Estos buenos son como el grano: ahora se encuentran en la era, mezclados con la paja; pero en el hórreo no habrá esta mezcla. Toleren lo que no quieren, para llegar a donde quieren, ¿por qué afligirnos y censurar lo que Dios ha permitido? (...) No censuremos al Padre de familia, que es tan bueno. Él nos lleva sobre sí, no le llevamos a Él. Él sabe cómo gobernar su obra. Por lo que a ti se refiere haz lo que te manda y aguarda  el cumplimiento de sus promesas.».

 

Jesús Ortiz López

 

George Minois. Historia del infierno. Siruela 2026, 168 págs. Reseña de César Antonio Molina, ABC Cultural,  n. 1719.

 

https://es.zenit.org/2026/07/07/existe-el-diablo-el-periodico-del-vaticano-sugiere-innecesariamente-que-no-una-polemica-en-pleno-verano/?eti=34199

 



[1] Para más información, ver. J.Ortiz López, Luces largas para el Cielo. BibliotecaOnline, 2020.

Padre de la mentira

 Desde que el hombre se apartó de Dios en el exordio de la historia la mentira campa a sus anchas por el mundo. Quienes más mienten son los que tienen el poder político, el económico, o el estratégico para desarrollar los relatos que les convienen. Una vez más estamos comprobando que en las guerras las mentiras alcanzan su Everest con propaganda a mansalva, manipulaciones y fake news. Y en la base de la corrupción están las mentiras.

Los grandes filósofos han estudiado a fondo esa capacidad de mentir del hombre apelando a la necesidad de convivir en paz: Sócrates con su altura de miras, Platón avisando de la tendencia a ver sombras en vez de la realidad porque es más cómodo. Kant apela a la rectitud de conciencia y a mantener las normas universales del comportamiento, porque benefician a la sociedad, mientras que la mentira va destrozando la convivencia.

Mentira, odio y soberbia son las armas del mundo diabólico que además tiene interés en que los hombres no lo tomemos en serio como si fuera un mito irreal.

En el mundo de las sombras

En la mentira en sus múltiples formas tienen responsabilidad quienes mienten y también el demonio o padre de la mentira. Diablo es palabra de origen griego que significa acusador o calumniador, y según algunos su etimología alude al que está encerrado en la cárcel o cloaca del infierno. Satanás es palabra de origen hebreo y designa al enemigo que insidia o persigue al hombre. Demonio, también de origen griego, significa un ser superior a los hombres pero inferior a Dios. El mundo de las sombras, las apariencias, las mentiras son la atmósfera que respira el mundo diabólico de Satanás y sus secuaces que fueron ángeles pervertidos por soberbia.

En confrontación con algunos judíos que le atacaban, Jesucristo les dice que la mentira una obra diabólica: «Vuestro padre es el diablo... porque no hay verdad en él; cuando dice la mentira, dice lo que le sale de dentro, porque es mentiroso y padre de la mentira» (Juan 8,44). Atribuye al diablo la tentación para mentir y también a quien perpetra la mentira, una o muchas, porque con frecuencia la bola crece enredando el discurso, de modo que al final el mentiroso ha olvidado definitivamente la verdad. El acostumbramiento a las mentiras rebaja el nivel moral haciendo que la sociedad entre en una espiral de corrupción.

«El demonio trató de tentar al mismo Jesucristo como refieren el evangelio de Mateo: “De nuevo lo llevó el diablo a un monte alto, y le mostró todos los reinos del mundo y su gloria, y le dijo: “Todas estas cosas te daré si postrándote me adoras”. Entonces le respondió Jesús: “Apártate Satanás, pues escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a Él sólo darás culto”. Entonces lo dejó el diablo, y los ángeles vinieron y le servían” (Mateo 4, 8-11).

Y el mismo Jesús muestra que el demonio no es una idea del mal sino un ser personal pervertido y pervertidor de la verdad, hecho a sí mismo odio. Lo señalaba con la parábola de la cizaña explicada a los apóstoles: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el final de los tiempos y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se echa al fuego, así será al final de los tiempos: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su reino todos los escándalos y a todos los que obran iniquidad, y los arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga» (Mateo 13, 36-43).

Historia de unas tentaciones

Las tentaciones de Jesús en el desierto tienen una significación honda para nuestro caminar hacia Dios, pues los personajes más importantes de la Historia Sagrada también fueron tentados: Adán y Eva, Abrahán, Moisés, el mismo pueblo elegido, etc. Y el mismo Jesucristo al rechazar las tentaciones diabólicas, repara las caídas de los hombres antes y después de Él; preludia las siguientes tentaciones de cada uno de nosotros, y las luchas de la Iglesia contra las tentaciones del poder diabólico. De ahí que Jesús nos haya enseñado, en el Padrenuestro, a pedir a Dios que nos ayude con su gracia para no caer a la hora de la tentación.

El demonio sigue y seguirá en la historia humana hasta el final. Desde que Jesucristo resucitó, el demonio dirige sus asechanzas contra la Iglesia como había predicho el mismo Jesús:  «Simón, mira que Satanás va tras vosotros para zarandearos como el trigo» (Lucas 22,31). Se trata de una guerra sin cuartel en la que ataca a la Iglesia desde dentro y desde fuera.

Satanás ya tentó a Adán y Eva con la mentira de que Dios no quería que crecieran en libertad para que no le hicieran sombra ni fueran tan poderosos como el Creador. También el demonio tentó a David con la concupiscencia que le llevó al adulterio sobre Betsabé y al homicidio de su marido Urías, con maniobras y mentiras encadenadas. El diablo tentó a Pedro con el miedo y cobardía para mentir y salvar su vida a costa de negar su relación con el Maestro.

Aunque algunos han perdido la fe en la existencia y actividad de los demonios, hemos de tener bien presente esta realidad: que existe un reino del mal, jerárquicamente estructurado, cuyo jefe es Satanás, príncipe de los demonios, dotado de un poder que excede con mucho a las fuerzas humanas naturales. Un ser personal desdichado y un reino de tinieblas que se mueven activamente en lucha contra el Reino de Dios en la tierra. Un ser que es fuente mal, enemigo irreconciliable del hombre en el que odia –con impotencia- la imagen de Dios.

¿Síntomas de esas insidias diabólicas? El Papa Pablo VI señalaba algunas señales de la presencia diabólica: «Podremos suponer su acción siniestra allí donde la negación de Dios se hace radical, sutil y absurda, donde la mentira se afirma hipócrita y poderosa, contra la verdad evidente; donde el amor es eliminado por un egoísmo frío y cruel; donde el nombre de Cristo es impugnado con odio consciente y rebelde (cfr 1 Corintios 16,22;12,3), donde el espíritu del Evangelio es mistificado y desmentido, donde se afirma la desesperación como la última palabra” (Alocución, 15-XI-1972).

Además, sabemos que también los papas recientes -Francisco, Benedicto y Juan Pablo II-  han hablado del demonio en algún momento: ya sea sobre la existencia del maligno o del tentador pues se trata de una verdad de fe básica del Magisterio y de la teología católica. Ellos insisten en que no se trata de un mito ni de una idea anticuada y exhortan a tomar en serio al demonio: es experiencia común en la Iglesia que la desesperación, el odio a la vida, el terrorismo y las leyes contra la familia están movidos por el padre de la mentira.

El mundo de las mentiras

Lo específico de la mentira es la falta de adecuación entre las palabras o hechos y el pensamiento del sujeto, con independencia de que otros efectivamente se engañen o no. Unas mentiras se dicen o hacen para beneficio propio, y otras para perjudicar a otros o a sus intereses.

Una sociedad digna del hombre tiene que estar construida sobre la verdad acerca del hombre mismo, de la familia y de las relaciones humanas. En este sentido, la doctrina cristiana ofrece una antropología realista que reconoce que todas las personas son criaturas de Dios, con igual capacidad para conocer la verdad y adherirse al bien, para responder libremente a la misión santificadora de este mundo y para establecer relaciones estables de fidelidad.

Esta concepción esperanzada del ser humano es una luz creativa para cualquier cultura, sobre todo en tiempos de dudas acerca del ser humano y de escepticismo sobre la verdad objetiva capaz de edificar una sociedad sobre el sólido fundamento de la verdad.

Las palabras denotan o señalan algo visible y también connotan algo invisible, p.ej. justicia, amor, igualdad, libertad, dignidad, etc. Y si destruimos los conceptos abandonamos la lógica y todo se hace inestable y relativo ¿No nos suena? Si llamamos matrimonio a cualquier unión afectiva, o muerte digna al suicidio, orgullo a la exposición consciente de una extravagancia, o escrache al acoso, entonces no hay modo de entenderse y desaparece la frontera entre lo beneficioso o lo perjudicial para la persona, lo que contribuye al bien común o sólo a unos pocos, lo que es justo y conforme a normas de convivencia pacífica o lo que es injusto.

A todos nos conviene andar en la verdad por mucho que pueda costar a veces, y así mantendremos limpia la conciencia contribuyendo a la convivencia en paz.

Jesús Ortiz López

Una experiencia que quizás pueda interesar https://www.religionenlibertad.com/personajes/241203/colegio-opus-dei-entro-santeria-brujeria-nego-dios-tres-voces-cambiaron-todo_79094.html

https://exaudi.org/es/padre-de-la-mentira/

 


lunes, 20 de abril de 2026

Semana Santa en paz

La Semana Santa no es sólo un acontecimiento cultural importante sino la celebración del misterio central de la fe cristiana, arraigada en los pueblos de España desde hace siglos.

El descanso, los viajes, y la fiesta son ocasiones para frenar el ritmo habitual y acercarse a la meditación sobre Jesucristo y la Virgen María: ver en qué medida participamos de la fe cristiana que se ha encarnado y es profundamente humana. Las procesiones van a más en toda la geografía, con muchos miles de cofrades y seguidores devotos que hacen un esfuerzo por ir a lo esencial. Las tallas del Cristo en la cruz, atado y flagelado en la columna, llevando la cruz, la Virgen dolorosa y de la Esperanza, así como otros personajes, nos meten en la Pasión de Jesucristo, nos conmueven para preguntarse qué hace cada uno con su vida, qué relación tiene con Dios, y qué actitudes tiene ante el drama del dolor asumido por Jesús.

Con la vida

En la homilía del Domingo de Ramos el papa León XIV ha vuelto a pedir con energía la paz para los lugares en conflicto actual, Irán, Israel y Líbano, principalmente. Comenzaba diciendo: «Miremos a Jesús, que se presenta como Rey de la paz, mientras a su alrededor se prepara la guerra. Él, que permanece firme en la mansedumbre, mientras los demás se agitan en la violencia. Él, que se ofrece como una caricia para la humanidad, mientras los otros empuñan espadas y palos. Él, que es la luz del mundo, mientras las tinieblas están a punto de cubrir la tierra. Él, que vino a traer vida, mientras se lleva a cabo el plan para condenarlo a muerte».

Unos días antes ha celebrado una Eucaristía en Mónaco y en la homilía ha defendido también la vida en todo momento con alusión a las guerras actuales y al aborto. Concretamente ha dicho que «cada vida truncada es una herida en el cuerpo de Cristo», y pide que «¡No nos acostumbremos al estruendo de las armas, a las imágenes de la guerra!». A lo que ha añadido que «la paz no es un mero equilibrio de fuerzas, es obra de corazones purificados, de quienes ven en el otro a un hermano a quien cuidar, no a un enemigo a quien derribar».

Además ha manifestado que «es la misericordia la que salva al mundo», haciendo una llamada a proteger la vida humana en todas sus etapas como eje central de su visita. La fe, según el Papa, debe estar «pronta a proteger siempre con amor toda vida humana, en cualquier momento y condición, para que nadie sea excluido jamás de la mesa de la fraternidad». Rechaza así las dinámicas sociales que descartan a los más vulnerables como ocurre con el aborto. El mundo necesita la misericordia que «cuida de cada existencia humana desde que florece en el seno materno hasta que se marchita en toda su fragilidad».

Recordemos que al comienzo de la Cuaresma el Papa pedía también la paz ante las guerras actuales y exhorta a todas las personas de buena voluntad a vivir en paz. Según sus palabras este tiempo nos pide «abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz».  

Superar el odio

No olvidamos que las guerras desatan lo peor del ser humano conculcando los derechos y las vidas de millones de víctimas y favoreciendo solo a unos pocos que se imponen y enriquecen con el dolor ajeno. Si bien es cierto que no es lo mismo desatar la violencia que defenderse de las injustas agresiones. Harían bien algunos hombres y mujeres públicos en considerar esas advertencias del papa León XIV en bien de todos.

Más que leyes contra el odio hacen falta políticos generosos con altura de miras. Más que decretos contra el odio hace falta ganas de llegar a un entendimiento y no enfrentar a unos con otros. Porque hace poco el Gobierno actual planteaba rastrear la «Huella del Odio» que recuerda la tendencia a vigilar las libertades y establecer una nueva forma de censura desde el poder.  Sí, no andamos sobrados de palabras y hechos de paz, y buscar el bien común en vez perseguir el bien propio.

Finalmente, la noticia del viaje del papa León XIV a Madrid, Barcelona y Canarias nos ilusiona con escuchar palabras de paz y concordia, de tender puentes en vez de muros, y manifiesta que el Papa tiene esperanza en la capacidad de los españoles para vivir en paz y crecer como cristianos coherentes con la fe que profesamos: es cultura, es fiesta, y sobre todo es creer en Jesucristo Salvador del mundo.

 

Jesús Ortiz López