El papa León XIV se ha recuperado bien en el Policlínico Gemelli de la reciente intervención exitosa gracias a los médicos, gracias a Dios y a las oraciones intensas de los fieles que rezamos por el padre común de la Iglesia de Jesucristo. Miles de personas estaban este domingo pasado en la Plaza de San Pedro para rezar el Ángelus y demostrar su cariño. Por ahora se mantiene el viaje pastoral por varios países de América del Sur.
Muchos seguimos meditando las palabras
del Papa en el viaje a España en junio de este año 2026. Y también como más
reciente las enseñanzas del viaje a Francia. Posiblemente León XIV con la Curia
romana ha elegido estos dos primeros viajes a dos naciones de nuestra Europa
actual por su importancia en la historia del continente y del mundo. Entre sus
homilías, alocuciones y discursos me referiré tan solo a las que ha dirigido a
los políticos en Metz y en Madrid.
En el último día del viaje a Francia el
Papa se refería a los valores que han configurado a Europa en el pasado y
siguen válidos para el futuro, más cuando sufrimos crisis sociales y estamos en
un cambio de época.
Como es sabido, Robert Schuman ha sido
principal promotor de la Europa comunitaria, germen de la actual Unión Europea.
Allí el Romano Pontífice pronunció un importante discurso ante los políticos, recordando
el patrimonio espiritual y moral, antes que económico y político, de Europa
impulsado en la historia del siglo XX por hombres y mujeres que han vivido y
compartido las enseñanzas del Evangelio: «De allí se han transmitido los
fundamentos morales del mundo en el que vivimos: principios como la primacía de
la persona y el carácter sagrado e inviolable de la vida humana, en todas sus
fases y en toda circunstancia; la tutela de la libertad de los individuos; la
importancia esencial de la familia como fundamento de la sociedad; la atención
a los pobres y a los más necesitados; la acogida del extranjero y el respeto a
los ancianos».
Son las bases de la civilización que
vivimos recordadas con frecuencia por los últimos Pontífices de la Iglesia y
por el mismo León XIV: primacía de la persona, carácter sagrado de la vida
humana, la libertad inviolable de cada persona, la familia como base de loa
sociedad, la atención a los necesitados y vulnerables en una sociedad que debe
ser más solidaria. Y en definitiva el reconocimiento del carácter sagrado de la
persona humana que mira al prójimo como otro hijo de Dios. Evidentemente hay
mucho que hacer para transmitir a las próximas generaciones los principios que
permiten convivir en paz y elevar a mirada al cielo.
A España desde el Congreso
Cómo no recordar las palabras de León XIV
en el Congreso de los Diputados algunos principios básicos coincidentes desde
la fe y la razón: «La defensa de
la vida humana no es una cuestión parcial ni un interés confesional: es una
meta de civilización. Toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde
su concepción hasta su ocaso natural, en cada circunstancia de su existencia.
Cuando esta certeza se oscurece, los más vulnerables son las primeras víctimas
y la ley pierde su significado más profundo: servir y proteger a cada persona.
Por eso, la grandeza moral de una nación se manifiesta, sobre todo, en su
capacidad de acompañar, proteger y amar aquellas vidas que atraviesan mayor
fragilidad. (…)
»En este contexto,
reviste particular importancia la familia, realidad humana primera y fundamento
natural de la comunidad. En el hogar se entrelazan las generaciones y se
transmite una memoria viva que da continuidad interior a la sociedad. Allí
donde la familia es sostenida, se fortalece también la estabilidad espiritual y
social de las naciones. La familia será siempre la primera escuela de humanidad
en la que se aprende, antes que en cualquier otro lugar, la gramática elemental
de la convivencia: recibir la vida, cuidar al otro, perdonar, servir y
pertenecer».
Tomamos nota de los
mensajes de esperanza que León XIV ha dejado entre nosotros cuando se acercan
elecciones legislativas para conocer a las personas y los mensajes los
partidos, sabiendo discernir la consistencia de los valores propuestos y la
coherencia de vida, aun sabiendo que ninguno de ellos puede encarnar el
Evangelio que está por encima de la política.
También en la Catedral de
Metz el Papa se fijaba en la belleza de sus vidrieras historiadas, verdadero catecismo
de la fe cristiana sobre Dios, sobre el hombre, sobre el trabajo y sobre la
convivencia. En efecto, las vidrieras de tantas catedrales en Europa y luego en
otros continentes explican la fe y la celebran cuando los libros eran escasos,
y el gran público se formaba con la contemplación de las imágenes y en la
escucha de los predicadores. León XIV se refería entonces a las vidrieras «como
la” biblia pauperum”, fuente oración y meditación a través de reflejos de miles
de colores».
A la vista de esta Linterna
de Dios, invitaba a la esperanza para que Europa siga dando frutos de fe y
de convivencia en la paz de las conciencias: «Sin estas vidrieras, las ventanas de la catedral de Saint Étienne
no serían más que espacios inundados de una luz enceguecedora. Con las
vidrieras, se convierten en libros que nos reúnen para recordar historias
maravillosas, llenas de heroísmo, de bondad, de misericordia, de amor y de
belleza moral, de las que a su vez debemos ser testigos generosos y valientes.
Este es el deseo que comparto con ustedes, con gratitud y confianza, al
finalizar mi viaje a Francia, para su comunidad de Metz, llamada hoy más que
nunca a ser un faro de esperanza para este país, para Europa y para el mundo,
encomendándola a las oraciones de la Virgen María y de sus santos patronos».
El arte de las vidrieras multiplica los
colores, tamiza la luz, y crea una atmósfera espiritual que llega a su plenitud
cuando se celebra en el templo la Misa dominical, un acto eucarístico, o una
procesión, en armonía con el órgano y el coro. Entonces sí parece que la
Iglesia en la tierra comunica con el Cielo.
Jesús Ortiz López
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