El camino de la Iglesia pasa por el hombre, es decir, mujeres y hombres en cuanto personas concretas a quienes ella mira con los ojos de Jesucristo, lo cual supone una gran exigencia. Y si los pastores sagrados o los fieles no lo consiguen a veces es por no encarnar bien el Evangelio del amor y la esperanza.
Lo muestra la presencia del Papa León XIV
en CEDIA centro de acogida de Caritas en Carabanchel el mismo día de su llegada
para escuchar a la joven cubana Niurka acogida con sus dos bebés gemelos, y al
joven senegalés Khadri que ha pasado de ser acogido a ser acogedor de otros.
«Alzad la mirada», Jn 4,35, ha sido el
lema de este viaje pontificio y en verdad bien elegido en las palabras que
Jesucristo dirige a los discípulos en Sicar. Quiere que estos discípulos
desconcertades entiendan la transformación de aquella mujer samaritana, que
deja su cántaro en el pozo y corre a anunciar al pueblo que el Mesías está con
ellos: ha cambiado de pecadora y evangelizadora de una noticia o gran buena
nueva: Dios salvador está con nosotros.
Estos días hemos comprobado la verdad de
esas palabras en los actos protagonizados por León XIV y por todos. En pocos
días ha puesto el horizonte más alto y seremos capaces de superar los
enfrentamientos, la fragmentación y la desunión. Es el deseo expresado por el
Pontífice en su primer discurso ante las autoridades: ««confirmar, alentar e
inspirar (…) una reconciliación y una cooperación más profundas entre las
distintas fuerzas de esta Nación». Suena como alusión indirecta al espíritu de
la Transición pues «la propia historia de España sugiere que no es la cultura
del enfrentamiento, sino la del encuentro, la que genera estabilidad y
prosperidad».
Y concluía su discurso en la misma línea:
«Al mismo tiempo, animo a cultivar también en su interior el diálogo y la
amistad social, a tener en cuenta las perspectivas de los pobres y los jóvenes
al imaginar el futuro, a armonizar las demandas de autonomía y de unidad, y a
impulsar el proceso de unión europea, no en oposición a otras potencias, sino
como un don para toda la familia humana».
Humanidad magnifica y herida
La reciente encíclica del León XIV es
extensa e intensa como actualización de la Doctrina social de la Iglesia en
nuestro tiempo, un cambio de época que requiere nuevos proyectos. Entre tantas
ideas y principios me referiré a un aspecto nuclear si bien hay otros muchos también
importantes.
Se trata de la dignidad de toda persona
humana en sentido ontológico y todo lo que de esto deriva. Las técnicas y las
ciencias que las sostienen deben estar al servicio de las personas, algo que
casi todos admiten aunque su realización no siempre sea fácil.
Este documento del papa León XIV se
refiere a las ideologías del transhumanismo y el posthumanismo como intentos de
superar los límites de la vida humana, sea en su origen o en su término. Por
ello Magnifica humanitas observa que «la humanidad —magnífica y herida— no debe ser sustituida ni superada; puede
acoger los progresos de la técnica para aliviar los sufrimientos y abrir
posibilidades nuevas, siempre que no reniegue de aquello que la hace ser ella
misma, es decir, la capacidad de relación y de amor. A este punto se impone una
pregunta decisiva: si existe un auténtico “más que humano”, ¿dónde se
encuentra? La fe cristiana responde indicando una plenitud que no deriva de una
divinización tecnológica, sino de aquella que produce la gracia de Dios, recibida
en Cristo».
Muchos científicos y
pensadores tienen la preocupación de preservar la dignidad de toda persona
desde su origen. En cambio, algunos no ven inconvenientes en la experimentación
con embriones, primando el objetivo de superar enfermedades y alcanzar mejores
capacidades. Sin embargo lo que es válido para los animales no puede serlo con
los seres humanos, y la razón no es tan difícil de entender porque la
generación es primordialmente una tarea de amor, entre una mujer y un hombre. Y
sí, sabemos que a veces no hay amor en esa unión pero aun estos casos penosos,
la naturaleza de esa relación soporta el mínimo humano de la criatura
concebida. Lo que no parece válido es el recurso a una técnica de laboratorio
para engendrar a una persona porque lesiona en su origen su dignidad, y menos a
fabricar embriones para desechar los menos válidos en un proceso de eugenesia
racista.
El viaje de León XIV a
España ha encarnado la parábola del sembrador que expuso Jesucristo a las
gentes y explicaba después a los apóstoles: «Vosotros, pues, oíd lo que
significa la parábola del sembrador: si uno escucha la palabra del reino sin
entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa
lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el
que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces,
es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra,
enseguida sucumbe. Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la
palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la
palabra y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que
escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o
treinta por uno» (Mateo 13,18-23) .
Cada uno puedo aplicarse
la enseñanza y reflexionar acerca de la eficacia de las palabras del Santo
Padre en su corazón y en sus obras, pues me parece que nadie desea que el
entusiasmo vivido estas importantes jornadas se extinga como un fuego de
bengala. Las parroquias, las instituciones formativas y solidarias de la
Iglesia, los movimientos apostólicos, y los colegios podemos ser altavoz y
recuerdo para encarnar estos mensajes pontificios y mejorar notablemente
nuestras familias, nuestros trabajos, nuestra política, y en suma nuestra
convivencia social.
Además la elección de
España como país europeo importante para este viaje apostólico puede indicar
que el Papa confía en nuestra historia, en la fe transmitida al Nuevo
Continente, y los lazos de aquellas tierras con la madre patria. El bien hecho
a esas sociedades durante siglos puede borrar las manchas de abusos cometidos a
pesar de la fe y la cultura.
En pocas palabras resumía el Card. Cobo
el mensaje trascendente de León XIV
anclado en Jesucristo que enseña al hombre quién es el hombre, todo hombre: «
No plantea una cuestión confesional, sino profundamente humana: cómo
reconstruir sociedades capaces de cuidar, dialogar, convivir y proteger la
dignidad de todos».
Jesús Ortiz López
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