domingo, 6 de septiembre de 2026

Alzad la mirada y creced en humanidad

El camino de la Iglesia pasa por el hombre, es decir, mujeres y hombres en cuanto personas concretas a quienes ella mira con los ojos de Jesucristo, lo cual supone una gran exigencia. Y si los pastores sagrados o los fieles no lo consiguen a veces es por no encarnar bien el Evangelio del amor y la esperanza.

Lo muestra la presencia del Papa León XIV en CEDIA centro de acogida de Caritas en Carabanchel el mismo día de su llegada para escuchar a la joven cubana Niurka acogida con sus dos bebés gemelos, y al joven senegalés Khadri que ha pasado de ser acogido a ser acogedor de otros.

«Alzad la mirada», Jn 4,35, ha sido el lema de este viaje pontificio y en verdad bien elegido en las palabras que Jesucristo dirige a los discípulos en Sicar. Quiere que estos discípulos desconcertades entiendan la transformación de aquella mujer samaritana, que deja su cántaro en el pozo y corre a anunciar al pueblo que el Mesías está con ellos: ha cambiado de pecadora y evangelizadora de una noticia o gran buena nueva: Dios salvador está con nosotros.

 La voz de León XIV

Estos días hemos comprobado la verdad de esas palabras en los actos protagonizados por León XIV y por todos. En pocos días ha puesto el horizonte más alto y seremos capaces de superar los enfrentamientos, la fragmentación y la desunión. Es el deseo expresado por el Pontífice en su primer discurso ante las autoridades: ««confirmar, alentar e inspirar (…) una reconciliación y una cooperación más profundas entre las distintas fuerzas de esta Nación». Suena como alusión indirecta al espíritu de la Transición pues «la propia historia de España sugiere que no es la cultura del enfrentamiento, sino la del encuentro, la que genera estabilidad y prosperidad».

Y concluía su discurso en la misma línea: «Al mismo tiempo, animo a cultivar también en su interior el diálogo y la amistad social, a tener en cuenta las perspectivas de los pobres y los jóvenes al imaginar el futuro, a armonizar las demandas de autonomía y de unidad, y a impulsar el proceso de unión europea, no en oposición a otras potencias, sino como un don para toda la familia humana».

Humanidad magnifica y herida

La reciente encíclica del León XIV es extensa e intensa como actualización de la Doctrina social de la Iglesia en nuestro tiempo, un cambio de época que requiere nuevos proyectos. Entre tantas ideas y principios me referiré a un aspecto nuclear si bien hay otros muchos también importantes.

Se trata de la dignidad de toda persona humana en sentido ontológico y todo lo que de esto deriva. Las técnicas y las ciencias que las sostienen deben estar al servicio de las personas, algo que casi todos admiten aunque su realización no siempre sea fácil.

Este documento del papa León XIV se refiere a las ideologías del transhumanismo y el posthumanismo como intentos de superar los límites de la vida humana, sea en su origen o en su término. Por ello Magnifica humanitas observa que «la humanidad —magnífica y herida— no debe ser sustituida ni superada; puede acoger los progresos de la técnica para aliviar los sufrimientos y abrir posibilidades nuevas, siempre que no reniegue de aquello que la hace ser ella misma, es decir, la capacidad de relación y de amor. A este punto se impone una pregunta decisiva: si existe un auténtico “más que humano”, ¿dónde se encuentra? La fe cristiana responde indicando una plenitud que no deriva de una divinización tecnológica, sino de aquella que produce la gracia de Dios, recibida en Cristo».

Muchos científicos y pensadores tienen la preocupación de preservar la dignidad de toda persona desde su origen. En cambio, algunos no ven inconvenientes en la experimentación con embriones, primando el objetivo de superar enfermedades y alcanzar mejores capacidades. Sin embargo lo que es válido para los animales no puede serlo con los seres humanos, y la razón no es tan difícil de entender porque la generación es primordialmente una tarea de amor, entre una mujer y un hombre. Y sí, sabemos que a veces no hay amor en esa unión pero aun estos casos penosos, la naturaleza de esa relación soporta el mínimo humano de la criatura concebida. Lo que no parece válido es el recurso a una técnica de laboratorio para engendrar a una persona porque lesiona en su origen su dignidad, y menos a fabricar embriones para desechar los menos válidos en un proceso de eugenesia racista.

 Sí, se puede mejorar

El viaje de León XIV a España ha encarnado la parábola del sembrador que expuso Jesucristo a las gentes y explicaba después a los apóstoles: «Vosotros, pues, oíd lo que significa la parábola del sembrador: si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe. Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno» (Mateo 13,18-23) .

Cada uno puedo aplicarse la enseñanza y reflexionar acerca de la eficacia de las palabras del Santo Padre en su corazón y en sus obras, pues me parece que nadie desea que el entusiasmo vivido estas importantes jornadas se extinga como un fuego de bengala. Las parroquias, las instituciones formativas y solidarias de la Iglesia, los movimientos apostólicos, y los colegios podemos ser altavoz y recuerdo para encarnar estos mensajes pontificios y mejorar notablemente nuestras familias, nuestros trabajos, nuestra política, y en suma nuestra convivencia social.

Además la elección de España como país europeo importante para este viaje apostólico puede indicar que el Papa confía en nuestra historia, en la fe transmitida al Nuevo Continente, y los lazos de aquellas tierras con la madre patria. El bien hecho a esas sociedades durante siglos puede borrar las manchas de abusos cometidos a pesar de la fe y la cultura.

En pocas palabras resumía el Card. Cobo el mensaje trascendente de León XIV anclado en Jesucristo que enseña al hombre quién es el hombre, todo hombre: « No plantea una cuestión confesional, sino profundamente humana: cómo reconstruir sociedades capaces de cuidar, dialogar, convivir y proteger la dignidad de todos».

 

 

Jesús Ortiz López  

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