martes, 19 de mayo de 2015

Teresa, una puerta al Dios real

Teresa de Jesús ha sido una mujer sabia y esto no se logra sin muchas pruebas y gracias especiales de Dios. El V Centenario de su nacimiento en Ávila atrae el interés de muchos por esta Santa tan venerada aunque menos conocida en su intimidad. Siguen siendo minoría quienes han leído sus escritos y los han meditado.

 “Las edades del hombre” ahora en Ávila
Una nueva edición de “Las Edades del hombres” por tierras castellanas acerca la figura de Teresa de Cepeda y Ahumada a millares de personas que pueden avanzar de la curiosidad inicial a una valoración más profunda de esta gran santa. El itinerario a seguir tiene su importancia, empezando por el Convento agustino de Santa María de Gracia donde su padre la ingresó en 1531 para formarse en la piedad y prepararse para ser una joven honesta aspirante a un buen matrimonio. No pensaba entonces ser religiosa. Aquí el visitante puede ver una proyección que interpreta con acierto sus pensamientos y luchas,  que solamente más tarde plasmará en el “Libro de la Vida”, en obediencia a su confesor.
A continuación el itinerario lleva a la Capilla de Mosén Rubí, un ámbito bien distinto al pequeño convento para exponer valiosas obras de arte relacionadas con la Santa, personajes que la trataron o influyeron en ella, y prendas personales. El visitante tendrá ocasión de contemplar otro audiovisual muy logrado, aunque no tan bien situado para su aprovechamiento, que representa a la Santa en su época y su proceso de acercamiento a Jesucristo. Este segundo capítulo se titula “La España de la contrarreforma” para analizar el contexto cultural, social y religioso en el que vivió Teresa. Aquí vemos el inicio de la Reforma del Carmelo, la gran empresa de Teresa como fundadora en la Iglesia.

Dos teologías se enfrentan entones, la de los luteranos y la de los místicos católicos. Lutero y Calvino radicalizarán la trascendencia de Dios, el “Dios solo”, mientras que la mística española no teme partir del hombre en su anhelo de Dios, descubierto tanto en la maravillosa obra de la creación como en la intimidad de la inhabitación por la gracia. La Humanidad de Jesucristo es camino habitual para encontrarle y tratarle de verdad.

De allí la visita encamina a la iglesia de San Juan Bautista donde fue bautizada –se conserva la excelente pila bautismal- pues era la parroquia frecuentada por su familia llevada por su padre Alonso de Cepeda. Este tercer ámbito sobresale por las obras de arte expuestas para ilustrar el proceso interior de Teresa que acentúa el valor del trato con la Humanidad de Jesucristo, no siempre bien entendido entonces por algunos confesores y teólogos un tanto espiritualistas y temerosos ante los círculos de iluminados. La Santa sabe que también “entre los pucheros anda Dios”. Destaca naturalmente el valor supremo de la redención por la Cruz, en una sala con varios crucifijos de talla de gran valor, destacando uno de Juan de Juni, otro de Gregorio Fernández, y otro de Pereira: un regalo para la vista y para la devoción.

En esa misma actitud de valorar todo lo humano vemos buenas imágenes  de la Virgen María, especialmente la de la Caridad de la catedral de Ávila ante la que acudió la Santa a la muerte de su madre para pedirle que ejerciera ahora con ella toda su ternura materna. Y también vemos imágenes preciosas de San José, cuya devoción extendió tanto Santa Teresa, con un magnífico lienzo de Zurbarán de Cristo coronando al gran Patriarca, y tallas de Pedro de Mena y de Salvador Carmona. Un capítulo sobre la Transverberación –un ángel con dardo de oro y fuego traspasa a Teresa dejándola abrasada de amor a Dios, como representa la talla de Pereda- permite captar algo del camino de oración y fenómenos místicos de un alma elegida para esa gran reforma que influirá decisivamente en toda la Iglesia.

“La mujer de lo imposible”
Junto a esta valiosa exposición sobre Santa Teresa las editoriales han reeditado las obras principales de la santa doctora y nuevos estudios para acercarla al gran público. Entre otras la editorial “Stella Maris” ha editado una nueva biografía titulada “La mujer de lo imposible”. Responde a la clásica pregunta ¿cómo pudo una mujer del siglo XVI, enferma y perseguida, fundar una nueva orden religiosa, escribir obras cimeras de la literatura castellana y convertirse en la primera Doctora de la Iglesia? Así el lector recorre los pasos seguidos por Teresa de Jesús desde sus primeros años felices en la casa paterna, huérfana de madre en la adolescencia, su tránsito de niña a mujer, su vocación y tantas dudas; también la introducción en una vida nueva como Fundadora con la extensión de la reforma y los muchos y graves problemas que encontrará; así como su faceta de escritora inseparable de su vida que merece ser nombrada Doctora de la Iglesia.

La sabiduría que destilan sus escritos hace gala de un extraordinario sentido común, una gran experiencia interior, pero sobre todo una participación regalada en la sabiduría divina que ilumina su alma. Una introducción histórica y frecuentes referencias sitúan al lector en la época, así como la sencilla cronología final que permite abarcar el curso de su vida. Pensando en otra edición habría que revisar algunas erratas frecuentes y fácilmente detectables que perjudican la calidad de esta obra.
Ante los fenómenos extraordinarios que recibe Teresa de Jesús sus confesores y allegados quedan tantas veces perplejos sin poder distinguir entre dones místicos o fenómenos patológicos. Se trata de una perplejidad que continuará siempre como algo providencial y que está pidiendo una definición personal bien sobre la naturaleza subjetiva de esos fenómenos o bien como realidad plenamente sobrenatural, que se escapa al resto de los mortales pero que señala al Dios más real que la vida misma.

Jesús Ortiz López
Doctor en Derecho Canónico


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martes, 14 de abril de 2015

Lutero se equivocó

En Pascua los cristianos celebramos el triunfo de la vida sobre la muerte en la Persona de Jesucristo muerto por la maldad humana y resucitado como Dios salvador de la humanidad.

La Iglesia católica vive pendiente del ecumenismo buscando la unidad histórica de los discípulos de Jesús tal como Él quiso, dotándola de las notas de ser una, santa, católica y apostólica, algo genuino y necesario para ser instrumento de salvación para los hombres. Pero la historia la hacemos también nosotros y a veces nos dedicamos a destruir lo que Dios hace. Por eso es importante sacar lecciones de la historia, maestra de la vida: la reforma luterana es un ejemplo de ello.

Las razones de Lutero
Martin Lutero no tenía razón aunque tuviera sus razones. La Iglesia de Roma conservaba hasta entonces todo el patrimonio recibido, el depósito de la fe tal como lo expresa el Credo o Símbolo apostólico y detalla el Símbolo Quicumque. Dios es Dios, es único pero no solitario: es Padre, es Hijo, es Espíritu Santo por conocimiento y amor infinitos.

No es que se parezca a las familias humanas sino que la familia es un reflejo de la vida íntima de Dios trino.  En efecto, la felicidad humana reside en amar y ser amados sobre todo cuando el eros está elevado por el ágape, es decir, la atracción humana por lo bello y lo bueno es enriquecida por la donación de Dios, una participación en su vida tripersonal por la gracia que concede a partir del Bautismo.

Así este misterio primordial fundamenta todo la realidad: la divinidad de Cristo; la encarnación la redención; la acción sobrenatural vitalizante del Espíritu Santo en la Iglesia fundada por Cristo; la resurrección de la carne, misterio asombroso superior a la mente humana pero fundamentado en la Resurrección gloriosa del mismo Jesucristo con poder sobre la vida y la muerte y la transformación de la materia; y finalmente el Símbolo afirma la Vida eterna como destino último para los hijos de Dio , completando el ciclo salvífico del Dios misericordiosos, pues todos somos creados por su amor. Vivimos en la tierra cooperando en la transformación del mundo y principalmente desarrollando la comunidad humana como ámbito de caridad y felicidad.

Pues bien, todo esto lo aceptará Lutero. Lo que no podía aceptar eran las desviaciones prácticas contrarias al Evangelio de muchos eclesiásticos e incluso de la cabeza visible. Sin embargo Lutero corrompió más de lo que pensaba y destruyó más que construyó. En términos de eficiencia esto es un fracaso sonado. Dividió a la Iglesia apartándose de Roma, alterando la buena doctrina que se mantenía incólume hasta entonces con el Magisterio, y destruyó la vida sacramental quedándose sólo con el Bautismo y la Eucaristía, y esto con matices.

Demolición en cadena
Al desgajarse con este cisma sembró la guerra y la destrucción desde las primeras comunidades nacionales sustentadas en la Europa de la cristiandad, y no pudo evitar que aparecieran entre sus seguidores multitud de divisiones –las diversas confesiones protestantes a centenares hasta hoy- mostrando que quien siembra vientos recoge tempestades. Además de este tremendo error de fondo y de forma, por orgullo y violencia, le faltó visión de conjunto. Cierto que las obras para levantar la nueva basílica de San Pedro y otras basílicas y catedrales en aquellos estados pontificios, se prestaron a corrupciones, a simonía, a mundanización de los estamentos eclesiásticos, y a inmoralidad.

Inmerso Lutero en su gran tala de árboles enfermos no supo ver la amplitud del bosque. Hacía siglos que la Roma decadente había sido arrasada por los pueblos bárbaros, dejando un montón de ruinas en piedras y desorganización social. Se estaba levantando con dificultad pero son altura de miras un mundo moderno impulsado por la fe cristiana dirigida por la Iglesia de Cristo. Las ruinas de Roma que hoy admiramos eran, aquel siglo XVI cementerios de una época muerta y estaba renaciendo el centro del mundo. Nada de esto quiso ver Lutero ofuscado por su pasión purificadora, que en realidad fue demoledora.

Han pasado seis siglos y nos emociona ver aquellas ruinas romanas, resto de una grandeza imperial superada pero sobretodo de la capacidad constructiva de la Iglesia universal. Y a pesar de los pesares una persona culta y con fe puede estar agradecida hoy a las jerarquías eclesiásticas que impulsaron las bellas artes –arquitectura, escultura, pintura música- , así como las ciencias y el derecho, dinamizando la cultura como manifestación humana de la grandeza infinita de Dios.


Jesús Ortiz López


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jueves, 12 de marzo de 2015

La gran mentira del aborto

En España crece el número de abortos hasta superar cada año los cien mil y practicado por chicas cada vez más jóvenes. Hasta el punto de que España se ha convertido en un importante abortorio europeo. Dos líneas de fuerza sustentan esta penosa situación: la primera, el engaño masivo  instalado en la sociedad, y la segunda considerar el aborto como algo inevitable. Gran engaño porque ni es un derecho, ni es una conquista social.

Engaño masivo

En el gran engaño del aborto participa el entramado social constituido por diversos colectivos. En primer lugar muchos sanitarios (médicos, enfermeras, clínicas) son partidarios del aborto y lo presentan a las mujeres como el único camino para solucionar su problema, ocultando información sobre otras salidas respetuosas con la vida y pruebas como el estudio de una sencilla ecografía.
            Buena parte de la administración pública implicada coopera con los profesionales del aborto dejando de informar sobre otras soluciones y derivando a determinadas clínicas particulares. En concreto, la Seguridad Social subvenciona el aborto con 500 euros cuando se practica antes de la semana doce y si es posterior o de riesgo  con 1800 euros, eso sí en las clínicas abortistas como para lavase las manos. Estos profesionales del aborto animan a las mujeres al aborto  con total frialdad asegurándoles que se recuperarán pronto y no pasa nada. Con frecuencia la protección de datos y la gestión de residuos humanos se realizan al margen de las normas establecidas. También los jueces suelen ser muy benévolos en las escasas condenas administrativas o penales a las clínicas abortistas.
            Parte importante de la opinión pública abortista está en manos de grupos de presión nacionales e internacionales que presentan la interrupción del embarazo como un derecho, llegando a condicionar las ayudas a países menos desarrollados a la promoción de la contracepción, como método para frenar el crecimiento de la población. Y a las naciones desarrolladas como España les presionan si quieren hacer un buen papel en el concierto internacional y en la opinión pública mundial.
            Hace años que los gobiernos de España reciben presiones de esas organizaciones internaciones –departamentos de ONU, de la Comunidad Europea, o la OMS- para desarrollar la legislación y establecer el derecho a la “interrupción voluntaria del embarazo”, con hipocresía disfrazada en las siglas IVE. Para cumplir con esos compromisos los gobiernos socialistas, con Zapatero a la cabeza de la progresía, han creado la actual ley del aborto a plazos y como derecho social de las chicas incluso sin consentimiento de sus padres. Aunque también el gobierno de Rajoy no ha querido cambiar la sustancia de esta ley Aído y se limita, en vísperas de elecciones, a un recorte cosmético totalmente engañoso, olvidando su anterior compromiso con buena parte de sus electores.
            Además, en las cadenas de televisión mayoritarias proliferan los programas, series o debates que presentan el aborto como progreso, manipulando la opción por la vida como algo intolerante y antipático. Lo mismo puede decirse de parte importante de la prensa escrita o digital.

Testimonio de las víctimas

La víctima principal de este gran engaño es la mujer, sobre todo joven, que recibe mucha presión del compañero o de sus allegados, hasta convencerle de que el aborto es la única solución eficaz para su embarazo. De las secuelas traumáticas que tendrá después nadie le habla, en medio de la conspiración de silencio para ignorar los testimonios de mujeres que abortaron y arrastran una vida traumatizada. Salvo que asuman su acción, busquen el perdón y perdonen, implicándose para ayudar a otras mujeres a preservar la vida naciente.
            Un ejemplo concreto, entre tantos, es el de Dalila que tenía dos hijos, uno de ellos bebé y quedó embarazada: «Tenía miedo de perder mi empleo y a mi pareja. Me sentía realmente sola, sentía que no tenía apoyo de alguien, ni siquiera de un apersona que me dijera “vas a salir adelante”. Mi pareja no me dio oportunidad, se negó totalmente. Aborté por él, pero no resultó porque se fue de todas formas. Y el trabajo también lo perdí poco después». Con 300 euros acudió a una clínica abortista: «es un lugar preparado para que salgas sin tu bebé, en el que nadie te pregunta si quieres hacerlo. Todo es inmediato. Es una experiencia horrible porque eres consciente de lo que está ocurriendo allí y en ese momento te pones a imaginar la cantidad de bebés que matan allí a diario y somos las madres las que lo permitimos».
            Diez años más tarde ha superado las secuelas gracias a las ayudas recibidas: «Acudir a una clínica para abortar no es la solución. Hay que pedir ayuda a organizaciones como RedMadre o a parroquias, que ofrecen apoyo psicológico, material, médico y jurídico para tener el niño. Los hijos son una bendición –termina- y las circunstancias en la vida cambian mucho». Ahora Dalila acude a las puertas de las clínicas abortistas para intentar ayudar a otras madres a seguir adelante con su embarazo. Con esas ayudas ahora está casada, he tenido una niña y encontró otro trabajo.

Testimonio de los rescatadores

La segunda línea de fuerza considera el aborto como inevitable por la existencia de tantos embarazos no deseados. La mentalidad contraceptiva es beligerante contra la vida y no se detiene a revisar su orientación inicial genocida. Cada vez inventa más barreras a la concepción que sorprendentemente siguen fallando y llevando inexorablemente al aborto como solución final. Esta mentalidad perversa no quiere reconocer que el aborto no interrumpe el embarazo sino que siega una vida humana en sus primeras fases en el seno materno.
            La opinión pública silencia la acción meritoria de tantas organizaciones dedicadas a defender la vida como RedMadre, Foro de la Familia, Pro Vida, entre tantas otras, que informan de verdad y rescatan de la muerte cada año a miles de criaturas y de la desesperación a otras tantas mujeres.
            La presidenta de Más Futuro, Marta Velarde, reconoce que «lo que nos cuentan estas mujeres es, en muchos casos, difícil de asimilar. Hay madres embarazadas de seis meses que quieren abortar por una malformación en una extremidad del bebé. El problema no solo son los padres o parejas que obligan a las mujeres a abortar, sino que muchos médicos de familia, profesionales de hospitales públicos y asistentes sociales aconsejan a las chicas que lo hagan, tal y como nos han indicado muchas jóvenes que, tras la información de los rescatadores, han visto que existen otras soluciones distintas a las de acabar con la vida de sus hijos».
            En resumen, como todos sabemos, el aborto nunca es una “interrupción voluntaria del embarazo”, la sociedad acepta el engaño masivo, y además no es algo inevitable porque tiene remedio, a condición de aceptar el problema -un verdadero cáncer en el cuerpo social-, y poner los medios para encontrar una solución humana. Todos conocemos también la afirmación del escritor Miguel Delibes cuando dijo que la aceptación social del aborto es una de las peores lacras de nuestra sociedad.
            Las manifestaciones a favor de la vida y de la maternidad recorren periódicamente las calles de las principales ciudades europeas, como Madrid, donde el 14M tendrá lugar otra con el lema “Cada vida importa”. Se suma a la muy numerosa del pasado 22N y los colectivos organizadores manifiestan que «queremos hacer patente que la voz de la vida pide y no dejará de pedir, un espacio en la vida española, también en la vida política, en las leyes y en las políticas públicas, hoy, mañana y siempre. Porque la defensa de la vida no debe ser discutible ni opcional; es algo irrenunciable y está por encima de situaciones políticas coyunturales». Es decir, la defensa de la vida y de la maternidad no es coyuntural para influir en los partidos, impermeables a la ética como han demostrado, porque es algo trasversal en el espacio y en el tiempo: es la defensa del hombre frente al suicidio moral colectivo.

Jesús Ortiz López
Doctor en Derecho Canónico

http://www.religionconfidencial.com/tribunas/gran-mentira-aborto_0_2451954793.html

miércoles, 18 de febrero de 2015

Presunción de inocencia también en la Iglesia


Viene de lejos la lucha de la Jerarquía contra los delitos torpes cometidos por eclesiásticos. San Juan Pablo II hizo mucho cuando aparecieron, aunque parece que no estuvo siempre bien informado; Benedicto XVI ha dado un paso de gigante reforzando los mecanismo para erradicar los casos de abusos; el Papa Francisco continúa y aumenta el esfuerzo desarrollado por sus predecesores con verdadero ahínco, hasta la tolerancia cero. No están solos pues no podemos olvidar el trabajo callado y eficaz de las diversas Congregaciones de la Santa Sede.

Otra cosa es que desde el principio hubo personas e instituciones, secretas o no secretas, empeñadas en destruir a la Iglesia: su prestigio moral, sus tareas de educación y misión, su economía; algo que han conseguido en buena parte, por ejemplo, en Estados Unidos e Irlanda. Porque no se airea tanto los numerosos casos de pederastia en el mundo deportivo, sanitario, educativo y político. Sólo algunos casos que pareen aislados pero no lo son. Y no por ello debemos juzgar a todo un colectivo profesional o vocacional.

La sensibilidad actual sobre esos tremendos casos fuera y dentro de la Iglesia lleva a destapar cualquier caso incluso sin las garantías debidas a la presunción de inocencia. Según las informaciones recientes un sacerdote de la diócesis de Sevilla ha sido denunciado por otro sacerdote sobre abusos a un joven por la información recibida de una mujer que parece no estar equilibrada. El miedo de la autoridad eclesiástica a ser fulminado (ya ha ocurrido en Uruguay) y a  la pena de telediario (lo sabe el obispo de Granada), ha llevado a suspenderle de sus funciones sacerdotales.

Sin embargo no parece que haya fundamento para semejante acusación de pederastia. Y aun en el caso de que más adelante se comprobada su fundamento el fondo de la presunción de inocencia sigue siendo válido. Hasta ahora, patinazo del señor Obispo, chivatazo timorato de un compañero, y una historia no probada. El resultado triste es que el sacerdote acusado e investigado después ha perdido su fama. Si el delito de pederastia es horrible, y más cometido por una persona consagrada, también lo es la calumnia.

Dice el Catecismo que «La maledicencia  y la calumnia destruyen la reputación y el honor del prójimo. Ahora bien, el honor es el testimonio social dado a la dignidad humana y cada uno posee un derecho natural al honor de su nombre, a su reputación y a su respeto. Así, la maledicencia y la calumnia lesionan las virtudes de la justicia y la caridad» (2479), y añade que «Toda falta cometida contra la justicia y la verdad entraña el deber de reparación aunque su autor haya sido perdonado. Cuando es imposible reparar un daño públicamente, es preciso hacerlo en secreto; si el que ha sufrido un perjuicio no pude ser indemnizado directamente, es preciso darle satisfacción moralmente, en nombre de la caridad. Este deber de reparación concierne también a las faltas cometidas contra la reputación del prójimo. Esta reparación, moral y a veces material, debe apreciarse según la medida del daño causado. Obliga en conciencia» (2487).

Y no solo la maledicencia es un grave pecado que exige reparación sino que constituye una violación del derecho a la buena fama recogido en el Código de Derecho Canónico como derecho fundamental en la Iglesia, aunque a veces cueste verlo realizado en el pasado y en el presente. Dice así: «A nadie le es lícito lesionar ilegítimamente la buena fama de que alguien goza ni violar el derecho de cada persona a proteger su propia intimidad», y «1.Compete a los fieles reclamar legítimamente los derechos que tienen en la Iglesia, y defenderlos en el fuero eclesiástico competente conforme a la norma del derecho. 2 Si son llamados a juicio por la autoridad competente, los fieles tienen también derecho a ser juzgados según las normas jurídicas, que deben ser aplicadas con equidad. 3 Los fieles tienen derecho a no ser sancionados con penas canónicas, si no es conforme a la norma legal» (Cánones 220 y 221).

En resumen luchemos contra los pecados de la carne y del espíritu; practiquemos la justicia frente a los delitos horrendos contra la libertad sexual y la buena fama; y huyamos de las historias no comprobadas. El Papa Francisco exige tolerancia cero y dice también que la Iglesia no condena para siempre. Eso.

Jesús Ortiz López

Doctor en Derecho Canónico


http://www.religionconfidencial.com/tribunas/Presuncion-inocencia-Iglesia_0_2438756136.html

sábado, 7 de febrero de 2015

De humanos y conejos

Conozco a una buena madre de familia numerosa muy desanimada por las palabras del Papa Francisco en el avión de vuelta de Filipinas diciendo que ser buenos católicos no lleva “perdonarme las palabras, a ser como conejos”. Otra esposa y madre que espera un hijo más tiene que soportar estos días que algunos conocidos le recuerden esas palabras del Papa Francisco como arma para acusarla de poco responsable,  aunque en realidad envidian su valentía y altas cualidades para no someterse borreguilmente a las opiniones ajenas.

He recordado que esas palabras no representan el pensamiento del Papa pues son una expresión coloquial al estilo suelto de los argentinos para expresar, quizá con poca perspectiva, que la Iglesia no impulsa a tener hijos a mansalva. Porque antes, en y después de esas palabras poco afortunadas su magisterio continuo es una defensa continua de la familia, del amor humano, y de la natalidad. Alto y claro lo ha dicho con palabras bien pensadas en su Discurso a los dirigentes del Parlamento Europeo : “La familia unida, fértil le indisoluble trae consigo los elementos fundamentales para dar esperanza al futuro. Sin esta solidez se acaba construyendo sobre arena, con graves consecuencia sociales”.

El escritor Olaizola ha publicado un divertido artículo sobre los perros y los humanos, a propósito de algunos que declaran machadas como “Ningún ser humano vale lo que un buen perro”, otra burrada de Pérez-Reverte. Olaizola  declara que ha tenido perros y sentido pena cuando mueren, e incluso procura no pisar hormigas, por respeto a sus amigos budistas; se llevarían un gran disgusto ellos pues piensan que los animales se reencarnan subiendo en la escala para acabar siendo humanos!, con gran disgusto de los idólatras de los perros. O de los orangutanes pues el sesudo pensador australiano Singer lleva años enriqueciéndose publicando libros e impartiendo conferencias sobre los “derechos de los orangutanes”, pero impulsando seriamente el aborto de las hijos humanos concebidos.

Esos no pueden ganar al Papa en la carrera ecologista pues Francisco enseña siempre, de acuerdo con la Biblia, el respeto al medio ambiente, el verdadero ecologismo no integrista llamando “a la responsabilidad personal en la custodia de la creación, don precioso que Dios ha puesto en las manos del los hombres”,  también a los políticos europeos.

Vemos que andan juntos los orangutanes, perros, los burros,  e incluso los conejos, porque les une la naturaleza animal dominada por los instintos básicos: alimento, generación, y defensa. En cambio el ser humano, contra lo que puede  parecer por el comportamiento de algunos, tiene un alma espiritual y por ello dignidad y derechos, y además con la gracia es hecho hijo de Dios para la Vida eterna. También lo ha dicho el Papa Francisco en el Parlamento Europeo: “ Promover la dignidad de la persona significa reconocer que posee derechos inalienables, de los cuales no puede ser privada arbitrariamente por nadie”.




miércoles, 28 de enero de 2015

LA RELIGIÓN ES FUENTE DE PAZ: AL MENOS LA CRISTIANA

El Papa Francisco afirma una vez más en Sri Lanka que “las creencias religiosas no pueden ser manipuladas para apoyar guerras“, a la vez que pedía que todos las religiones “denuncien los actos de violencia cuando se cometan“. Y eso a los pocos días de los bárbaros atentados en París a manos de islamistas fanatizados.
Parece elemental unir religión y paz, con tolerancia y convivencia, aunque es cierto que la historia humana arrastra innumerables episodios de violencia cometidos en nombre de unos supuestos dioses. Sin embargo ahora se hace más necesario recordarlo frente a los fanáticos de una parte, y a los laicistas dogmáticos de otra, que encuentran así una excusa para apartar la religión de la sociedad, de la vida pública y de la educación.
Rechazar a los fanáticos
Los fanáticos crecen al amparo de las religiones como la mala hierba en los jardines, unas veces en el islam, demasiadas, y otras en el hinduismo, y otras en el animismo, sin olvidar los amparados en el cristianismo. Es la sombra alargada de Caín que vaga errante por la tierra desde los comienzos, que quizá podría haberse justificado en el choque de ofrendas con su hermano Abel. No, ninguna religión puede amparar las guerras, la violencia, o la intolerancia.
Hacen bien los ulemas e imanes de las comunidades islámicas acogidas en el Occidente democrático en rechazar los crímenes en nombre de Alá, bendito sea. Parece que inauguramos ahora un tiempo nuevo de sensibilidad mundial frente a la amenaza  del llamado Estado Islámico, de Al-Qaeda, o de cualquier otra organización terrorista como Boko-Haram. A la cabecera de la condena deben estar las comunidades islámicas y trabajar cada día para que las larvas del fanatismo no aniden en el corazón de los niños y jóvenes, cosa que ocurre cuando se presenta al islam como única religión verdadera que debe imperar en la tierra por las buenas o por las mala: conversión o ejecución, como en Afganistán.
Así pues, tienen mucho trabajo por delante sus dirigentes para empezar esa nueva etapa desde las mezquitas, escuelas coránica y familias. A la cabeza de esos dirigentes habría que situar a los príncipes saudíes y de emiratos árabes, a los gobernantes de países islamizados como Malasia, y a los clérigos que dirigen la oración en la mezquitas. Quizá tengan que revisar algunas suras del Corán para mostrar limpiamente su coherencia interna y la incompatibilidad con el alfanje. Y como pide el Papa Francisco se atrevan a denunciar ante las autoridades civiles a quienes trabajan para captar a jóvenes para su guerra santa.
Los cristianos también hemos padecido etapas de fanatismo que surgen cuando el poder político se apropia de la religión, la mezcla con la ideología, y la impone por la fuerza. Todo en abierta contradicción con el Evangelio y el humanismo cristiano pacientemente trabajado desde esas raíces en los pueblos de Occidente y predicado por los misioneros en todos los continentes. El papa Juan Pablo II ya pidió perdón solemnemente en el año 2000 al inaugurar este tercer milenio, por los episodios de violencia en nombre de Dios. Algún gesto semejante podría hacer alguien en nombre del islam.
La paz cristiana
Pero tropezamos con el problema de que no hay una cabeza visible que hable y gobierne en nombre de esa religión. Los católicos seguimos al Papa como vicario de  Jesucristo en esta tierra desde Pedro, el primer constructor de puentes, elegido por el mismo Cristo. Algo que tenemos que agradecer por el inmenso bien que deriva y por la altura espiritual y moral, alcanzada por el Pontificado desde hace siglos. Además en el centro del cristianismo está la caridad como virtud más elevada que dirige la oración y la acción del cristiano con múltiples concreciones en la vida de Jesucristo, en sus gestos de perdón y en sus palaras de misericordia hacia el prójimo, a quien se tiende la mano, se le abre el corazón, y se le da razón de nuestra esperanza.
Capítulo aparte es el de la blasfemia, una aberración por la que algunos hombres se rebajan al nivel de las bestias, porque en el fondo suponen que hay un Dios poderoso que no pueden entender ni manipular. Los católicos padecemos cada día esas ofensas a Jesucristo, a la Eucaristía, a los sacramentos, a la Virgen María y a los santos, no en tierras extrañas sino en nuestras calles, en la televisión y en películas, o también en las revistas satíricas como Charlie Hebdo; las sufrimos con paciencia en actitud de desagravio hacia Dios y rezando por esos pobres miserables, pero no se nos ocurre emplear la violencia para castigar esa falta de respeto a las creencias, y de ninguna manera ningún dirigente religioso invita a ello
No olvidemos que los cristianos son los más perseguidos desde sus orígenes, mucho antes de que naciera el islam y se impusiera por al espada, a lo largo de la historia de Occidente y de Oriente, hasta desembocar hoy en las matanzas habituales en países africanos como Uganda, Egipto o Nigeria, por no hablar de la sangre de los mártires en Corea, Japón o la inmensa China. Por todo ello la Iglesia católica hoy, con el Papa a la cabeza, puede pedir con autoridad que se denuncien los actos de violencia amparados en la religión, como si Dios se despertara cada día con la espada en la mano.

http://www.religionconfidencial.com/tribunas/religion-fuente-paz_0_2418958109.html

LA NAVIDAD A FONDO


“AQUÍ” es el adverbio  más repetido en muchos lugares de Tierra Santa. Aquí, en este mismo lugar, ha vivido Dios con nosotros. Ha contemplado este paisaje, ha pisado estos caminos, ha vestido como los demás, ha trabajado con manos de hombre, ha sufrido y ha reído. Increíble pero es la verdad. Ese “AQUÏ” destaca en la Basílica de la Natividad en Belén: Hic de Virgine Maria Iesus Christus natus est.

El Niño que salva

            Entrar en Belén de Judá hoy día es a la vez emocionante y desanimante. Porque el creyente percibe la falta de unidad entre los cristianos, que a veces llega a la hostilidad, especialmente grave ante esa cuna señalada con una estrella de plata –el brillo de Dios- y un espejo donde nos deberíamos mirar los hombres para ver si nos parecemos en algo a Jesús de Nazaret.

            Sin embargo, esa vivencia es un estímulo para pedir a Dios el don de la unidad que está por encima de las miserias humanas, y también para mirar a Jesús con una sinceridad profunda que convierta el propio corazón. En esa tierra de Jesús el peregrino advierte la mano cainita de los hombres pero sobre todo la mano de Dios que escribe derecho con renglones torcidos: los de los hombres a los que mira con misericordia. Sin ello la Tierra Santa no existiría hoy para los cristianos.

            Todos pueden sentir admiración por Jesucristo como el hombre bueno que ha enseñado una doctrina maravillosa, pero eso no significa creer en el Niño de Belén, como el Hijo de Dios encarnado para la salvación de todos los hombres, la Persona divina que obra a través de la naturaleza humana que ha asumido. Por ese Niño la Iglesia es la comunidad de los creyentes, de los perdonados, que predica a Jesucristo como el Salvador de los hombres.

            Gracias a esta fe la Navidad llega más allá del ternurismo, necesario pero insuficiente, y mueve a cambiar profundamente ejercitando virtudes muy concretas. Por ejemplo, la humildad para andar en la verdad, como decía Santa Teresa; y también afinando la propia conciencia que se mira en Jesús Niño, joven, o en la madurez, para no autoengañarse; por eso es tan útil el sacramento de la Penitencia practicado en este tiempo de Navidad, sobre todo  cuando uno lleva meses o años sin vivirlo.

            Junto a la humildad es tiempo de practicar la caridad que da vigor a las virtudes de la convivencia tan necesarias como ausentes en esta sociedad: la amabilidad con todos, perdonar y olvidar; dar gracias al prójimo; subrayar lo positivo y poner buena cara; adelantarse en el servicio… entre otras. Porque si no traducimos de este modo la mirada del Niño la Navidad degeneraría en unas simples fiestas de invierno, como algunos intentan con torpeza y fracaso.


Cielo y tierra unidos

            Asomados al portal de Belén, “la casa del pan” de Vida, los hombres podemos comprender que todas las cosas son buenas, y se puede hablar de un materialismo cristiano. La fe cristiana no desprecia las realidades nobles de la tierra porque ve en la naturaleza y en la historia la Providencia de Dios, en la materia y en el espíritu, en lo bueno y también en lo malo. El cristiano no es un ser especial que nada tenga que ver con los demás hombres, sino que trabaja con ellos para acercarles a Dios colaborando con los dones que recibe en los sacramentos.

            Con esta fe audaz lo ha expresado san Josemaría Escrivá: «El auténtico sentido cristiano —que profesa la resurrec­ción de toda carne— se enfrentó siempre, como es lógico, con la “desencarnación”, sin temor a ser juzgado de materialismo. Es lícito, por tanto, hablar de un “materialismo cristiano”, que se opone audazmente a los materialismos cerrados al espíritu. ¿Qué son los sacramentos —huellas de la Encarnación del Verbo, como afirmaron los antiguos— sino la más clara manifes­tación de este camino, que Dios ha elegido para santificarnos y llevarnos al Cielo? ¿No veis que cada sacramento es el amor de Dios, con toda su fuerza creadora y redentora, que se nos da sirviéndose de medios materiales?» (Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer,  n. 115).

            Queremos decir que la presencia de Jesús en Belén da un valor nuevo a todo lo humano. Al entrar en la tierra ha tomado sobre sí las realidades humanas nobles, dándolas plenitud de significado. El cristiano reconoce entonces el sentido divino del quehacer humano y, con el auxilio de la gracia, puede realizar obras con valor de eternidad contribuyendo a instaurar el Reino de Dios en el mundo. Entonces el “Feliz Navidad y deseo de todo lo bueno para el próximo Año 2015” tiene sustancia humana y cristiana.


Jesús Ortiz López
Doctor en Derecho Canónico

http://www.religionconfidencial.com/tribunas/Nino-salva_0_2405159470.html


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