La Semana Santa no es sólo un acontecimiento cultural importante sino la celebración del misterio central de la fe cristiana, arraigada en los pueblos de España desde hace siglos.
El descanso, los viajes, y la fiesta son
ocasiones para frenar el ritmo habitual y acercarse a la meditación sobre
Jesucristo y la Virgen María: ver en qué medida participamos de la fe cristiana
que se ha encarnado y es profundamente humana. Las procesiones van a más en
toda la geografía, con muchos miles de cofrades y seguidores devotos que hacen
un esfuerzo por ir a lo esencial. Las tallas del Cristo en la cruz, atado y
flagelado en la columna, llevando la cruz, la Virgen dolorosa y de la Esperanza,
así como otros personajes, nos meten en la Pasión de Jesucristo, nos conmueven
para preguntarse qué hace cada uno con su vida, qué relación tiene con Dios, y qué
actitudes tiene ante el drama del dolor asumido por Jesús.
Con la vida
En la homilía del Domingo de Ramos el
papa León XIV ha vuelto a pedir con energía la paz para los lugares en
conflicto actual, Irán, Israel y Líbano, principalmente. Comenzaba diciendo: «Miremos
a Jesús, que se presenta como Rey de la paz, mientras a su alrededor se prepara
la guerra. Él, que permanece firme en la mansedumbre, mientras los demás se
agitan en la violencia. Él, que se ofrece como una caricia para la humanidad,
mientras los otros empuñan espadas y palos. Él, que es la luz del mundo,
mientras las tinieblas están a punto de cubrir la tierra. Él, que vino a traer
vida, mientras se lleva a cabo el plan para condenarlo a muerte».
Unos días antes ha celebrado una Eucaristía en Mónaco y en la homilía ha defendido también
la vida en todo momento con alusión a las guerras actuales y al aborto.
Concretamente ha dicho que «cada vida
truncada es una herida en el cuerpo de Cristo», y pide que «¡No nos
acostumbremos al estruendo de las armas, a las imágenes de la guerra!». A lo
que ha añadido que «la paz no es un mero equilibrio de fuerzas, es obra de
corazones purificados, de quienes ven en el otro a un hermano a quien cuidar,
no a un enemigo a quien derribar».
Además ha manifestado que
«es la misericordia la que salva al mundo», haciendo
una llamada a proteger la vida humana en todas sus etapas como eje central de
su visita. La fe, según el Papa, debe estar «pronta a proteger siempre con amor
toda vida humana, en cualquier momento y condición, para que nadie sea excluido
jamás de la mesa de la fraternidad». Rechaza así las dinámicas sociales que
descartan a los más vulnerables como ocurre con el aborto. El mundo necesita la
misericordia que «cuida de cada existencia humana desde que florece en el seno
materno hasta que se marchita en toda su fragilidad».
Recordemos
que al comienzo de la Cuaresma el Papa pedía también la paz ante las guerras
actuales y exhorta a todas las personas de buena voluntad a vivir en paz. Según
sus palabras este tiempo nos pide «abstenerse de
utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a
desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio
inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las
calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a
cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en
las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y
en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a
palabras de esperanza y paz».
Superar el odio
No olvidamos que las guerras desatan lo
peor del ser humano conculcando los derechos y las vidas de millones de
víctimas y favoreciendo solo a unos pocos que se imponen y enriquecen con el
dolor ajeno. Si bien es cierto que no es lo mismo desatar la violencia que
defenderse de las injustas agresiones. Harían bien algunos hombres y mujeres
públicos en considerar esas advertencias del papa León XIV en bien de todos.
Más que leyes contra el odio hacen falta
políticos generosos con altura de miras. Más que decretos contra el odio hace
falta ganas de llegar a un entendimiento y no enfrentar a unos con otros. Porque
hace poco el Gobierno actual planteaba rastrear la «Huella del Odio» que
recuerda la tendencia a vigilar las libertades y establecer una nueva forma de censura
desde el poder. Sí, no andamos sobrados de palabras y hechos de
paz, y buscar el bien común en vez perseguir el bien propio.
Finalmente, la noticia del viaje del papa
León XIV a Madrid, Barcelona y Canarias nos ilusiona con escuchar palabras de
paz y concordia, de tender puentes en vez de muros, y manifiesta que el Papa
tiene esperanza en la capacidad de los españoles para vivir en paz y crecer
como cristianos coherentes con la fe que profesamos: es cultura, es fiesta, y
sobre todo es creer en Jesucristo Salvador del mundo.
Jesús Ortiz López
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