El funeral en Huelva por los 45 fallecidos en Adamuz ha sido un consuelo y una brisa fuerte de paz. Las palabras de la joven Liliana, buena hija creyente de Natividad, nacen del dolor, del amor, y de la fe, que naturalmente nos han conmovido y expanden por toda la geografía el consuelo que une[1]. «Gracias» ha sido la palabra tantas veces repetida y sentida con viveza. La Iglesia ha abierto los brazos y consolado a todos, a la vez que comunica la esperanza segura en Dios.
Las familias de los fallecidos en el
accidente en Adamuz han querido un funeral católico y popular según ha
manifestado esa joven al finalizar la celebración litúrgica. Resulta natural
porque la fe católica configura nuestra convivencia desde hace veinte siglos y
el calor humano se ha manifestado con esas familias desde el primer momento.
Nos hacen falta gestos de unidad en medio
de poderes que disgregan, gestos de consuelo en medio del dolor, testimonios de
fe en medio de incrédulos. De nuevo vemos que Dios puede sacar mucho bien a
partir de mucho mal, pero también es cierto que quiere contar con nuestra
colaboración, como estamos comprobando estos días. Pedirle explicaciones a Dios
es tan simple como protestar por haber nacido. Y es que la paz del alma se
consigue cuando uno se olvida de sus pequeños problemas personales para atender
a los grandes problemas del prójimo. El que pueda entender que entienda.
Hace meses y aun años que la fe vuelve a
los corazones de muchos y a las costumbres en la sociedad. Cada vez encontramos
más jóvenes que muestran su fe con naturalidad y con alegría, sin complejos.
Los templos están llenos de ellos y de personas de cualquier edad; la
Eucaristía atrae cada día, cada semana, y cada liturgia a muchos con profundo fervor
renovado. Proliferan los testimonios acerca de la fe, de la caridad, de la
esperanza y de conversión. Los Evangelios son leídos o escuchados con mucho
interés y meditados a diario para seguir de cerca a Jesucristo, que ya es reconocido
como el que vive ayer, hoy y siempre: no es un personaje del pasado sino Dios
que camina con nosotros en las penas y en las alegrías, los domingos y todos
los días, y da fuerza para transformar este mundo nuestro.
Los jóvenes celebran la fe
Hace unos días el palacio de Vista
Alegre, en Madrid, se ha llenado de jóvenes celebrando «El Despertar», el
encuentro de miles de jóvenes encantados de escuchar a influencers,
dialogar y pensar, manifestándose frente al pensamiento único y la cancelación woke.
Y hace unas semanas también los jóvenes han llenado la Puerta del Sol
celebrando la Navidad con Hakuna cantando villancicos y la alegría de la fe
cristiana. En esas mismas fechas muchos han salido a las calles para acompañar
y distribuir comida y cariño a los sin techo. También las redes están llenas de
testimonios de conversión mostrando que otro modo de vida es posible.
Vivir con más libertad
Cada uno desde su trabajo puede sembrar
paz, alegría y fe, como hace una columnista a propósito del accidente
ferroviario en Adamuz. Escribe en ABC: «De Kant a Kierkegaard, los filósofos
más 'influencers' de la historia han indagado en la función de completar el
alma que tienen las religiones. Se puede ser marxista y comulgar con lo del
opio, y a la vez, honrar la memoria histórica de tu pueblo. El Estado debe ser
laico, pero el duelo nacional que apela sobre todo a la memoria no puede
inhibirse de nuestras raíces, de nuestra memoria histórica. La misa, su ritual,
su estética y sus valores lo son. Ante la muerte, mucho más». Y considera que
la muerte deja un vacío en el alma que puede ser llenado por Dios y la
religión: «España es un país
históricamente católico. Podríamos haber sido otra cosa, pero somos esta. Aquí
se enterraba, y se entierra, mucho, desde la Iglesia. El adiós se consigna con
su rito: el funeral.
Este país nuestro es, sin
necesidad de que nos obliguen por ley, una nación tolerante con otras
religiones. Nuestra Iglesia no prohíbe a creyentes de otras religiones entrar
en sus templos. Respeta. Vive (su religión) y deja vivir: a los otros, a ateos,
a agnósticos….».
«Conversa» es una
película con historia de conversión en medio de la música y de la sensibilidad
artística, con unas experiencias de vuelta a la fe católica. «Libres» es también
un film con testimonios de mujeres y hombres que viven una vocación como
consagrados o religiosos que se saben libres para seguir a Jesucristo, para
enriquecer a la Iglesia, y para servir a los desorientados: después de haber
probado tantas cosas ahora vuelan con la cabeza en los cielos y los pies en la
tierra. Son felices y hacen felices a los demás.
Jesús Ortiz López
https://exaudi.org/es/consuelo-en-la-fe-asi-fue-el-emotivo-funeral-por-los-45-de-adamuz/
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