lunes, 20 de abril de 2026

Dadles vosotros de comer

Hace unos días la catedral de la Almudena en Madrid se ha puesto de blanco en la Eucaristía concelebrada por mil trescientos sacerdotes de la diócesis con el Cardenal Arzobispo Mons. José Cobo y otros obispos. Hace muchas décadas que no se reunían tantos para celebrar su sacerdocio en esa comunión visible e impulsar su misión evangelizadora como buenos Pastores del Pueblo de Dios.

Celebrar el sacerdocio

Ha sido el centro de estas jornadas finales de CONVIVIUM, la magna asamblea sacerdotal comenzada hace meses con reuniones e intervenciones que han tocado todas las cuestiones que afectan a la Iglesia universal encarnada en Madrid.

Durante semanas hemos convivido los jóvenes con los mayores, los recién ordenados con los que han cumplido medio siglo de servicio generoso en favor de todos. La alegría es evidente, la fraternidad abraza a sacerdotes diocesanos, los religiosos, y cuantos desarrollan tareas pastorales. Ya lo sabíamos y muchos nos conocemos desde hace años, pero hasta ahora no hemos visto al conjunto del presbiterio en torno al Obispo.

En su homilía Mons. Cobo invitaba a una escucha que «solo es auténtica cuando nos escuchamos unos a otros, cuando abrimos el corazón y acogemos con gozo y sin prejuicios la fraternidad de nuestro presbiterio, en toda su diversidad y riqueza» Y añadía «Aquí nadie sobra, pero nadie se basta a sí mismo. Cada vida sacerdotal encuentra su lugar cuando se vive al calor de la fraternidad. Somos diversos, y esa diversidad es don del Espíritu, orientado siempre a una finalidad clara: construir la unidad del Cuerpo de Cristo».

Nuestra sociedad necesita nuevos impulsos de fe para no asfixiarse de individualismo, de secularización y de materialismo. Y esto nos afecta a los sacerdotes. Muchos jóvenes van descubriendo quién es Jesucristo, por qué la Iglesia como camino real de santificación, y la necesidad de alimentar el alma. Por eso crecen las comunidades de jóvenes en las parroquias, en los movimientos, en las celebraciones festivas de la fe, los retiros de oración, y siempre la demostración palpable de que nos interesan los necesitados, los descartados de la sociedad, los solitarios mayores o jóvenes.

Configurados con Cristo para servir

Misión de los sacerdotes es dar el pan de la fe, de los sacramentos, de la fraternidad, y de la esperanza todos, desde los niños a los ancianos. Para eso están preparados y para eso renuevan su disposición de servicio caritativo, que significa cariño, comprensión, amistad. Siempre hemos de volver a los comienzos del Evangelio, de los primeros cristianos, de la llamada ilusionante de Jesucristo que repite «tú, sígueme».

La Iglesia no es una multinacional de la solidaridad y los sacerdotes no somos sólo consoladores de los afligidos, eso es mucho pero es poco, porque estamos configurados sacramentalmente y vitalmente con Jesucristo. Por eso cuando el Señor nos dice «dadles vosotros de comer» nos ha dado previamente la capacidad de comunicar la vida de la gracia que potencia todo lo humano.

Mensaje del papa León XIV

La Carta escrita con el corazón enviada por el papa León XIV para este CONVIVIUM exhorta los sacerdotes a vivir unidos a Jesucristo, es decir a tener una vida de entrega eucarística y una vida de oración, que sostiene el servicio de caridad abierto a todos, en particular a quienes tenemos confiados directamente. Teniendo claro que no hemos de fatigarnos con la multiplicidad de tareas o la presión de los resultados, porque es el Espíritu quien trabaja las almas contando con nuestro servicio, acompañamiento y claridad.

Observaba el marco social y cultural de nuestro tiempo de secularización, de polarización y de reduccionismo antropológico como realidad que nos llama a transformar con desde el Evangelio. Para muchos las palabras de fe ya no significan nada aunque no desaparecen las inquietudes y grandes preguntas: ¿Qué es ser humano, qué significa la dignidad personal, es suficiente la libertad para ser felices, qué sentido tiene nuestra vida, qué hay más allá de la muerte?

Con palabras de fe el Papa nos dice: «Esto nos recuerda que para el sacerdote no es momento de repliegue ni de resignación, sino de presencia fiel y de disponibilidad generosa. Todo ello nace del reconocimiento de que la iniciativa es siempre del Señor, que ya está obrando y nos precede con su gracia.

»Se va perfilando así qué tipo de sacerdotes necesita Madrid —y la Iglesia entera— en este tiempo. Ciertamente no hombres definidos por la multiplicación de tareas o por la presión de los resultados, sino varones configurados con Cristo, capaces de sostener su ministerio desde una relación viva con Él, nutrida por la Eucaristía y expresada en una caridad pastoral marcada por el don sincero de sí. No se trata de inventar modelos nuevos ni de redefinir la identidad que hemos recibido, sino de volver a proponer, con renovada intensidad, el sacerdocio en su núcleo más auténtico —ser alter Christus—, dejando que sea Él quien configure nuestra vida, unifique nuestro corazón y dé forma a un ministerio vivido desde la intimidad con Dios, la entrega fiel a la Iglesia y el servicio concreto a las personas que nos han sido confiadas».

Encendidos con estas palabras del Santo Padre hemos vivido estas jornadas con alegría profunda, con abrazos y canciones, con esperanza renovada porque la Iglesia tiene las claves para descubrir a Dios presente entre nosotros. Los sacerdotes no somos protagonistas de la evangelización sino instrumentos de la gracia para caminar junto a los fieles, en comunión con los primeros cristianos que transformaron aquella sociedad.

 

De ayer y de hoy

Le reflejaba a la perfección la famosa Carta a Diogneto: «Los cristianos no se distinguen de los demás hombres, ni por el lugar en que viven, ni por su lenguaje, ni por sus costumbres. Ellos, en efecto, no tienen ciudades propias, ni utilizan un hablar insólito, ni llevan un género de vida distinto. Su sistema doctrinal no ha sido inventado gracias al talento y especulación de hombres estudiosos, ni profesan, como otros, una enseñanza basada en autoridad de hombres». Y lo sinterizaba después «Para decirlo en pocas palabras: los cristianos son en el mundo lo que el alma es en el cuerpo».

Ciertamente esta magna asamblea ha convocado especialmente a los sacerdotes aunque sin olvidar tantos seglares que han participado directamente o han apoyado con ilusión esta renovación sacerdotal. Porque es claro que los laicos son protagonistas -no meros colaboradores- de la nueva evangelización en medio del mundo con la cultura actual, y necesitan el acompañamiento de los sacerdotes con el Pan y la Palabra.

Es decir, sacerdotes y fieles estamos llamados a recordar todo esto en medio de una sociedad tantas veces desconcertada que no acierta a crecer en alma y a ilusionar a las próximas generaciones. Porque como tantas veces se ha dicho, la Iglesia es experta en humanidad, precisamente porque tiene a Jesucristo y se sabe impulsada por el Espíritu Santo. Esperamos que esta especial Pentecostés vivida estos días ilusionará a muchos jóvenes a seguir a Jesucristo de cerca y encontrar quizá su vocación como sacerdotes del siglo XXI. 

Lo ha pedido el Cardenal Cobo en esa Eucaristía en la catedral de la Almudena: «CONVIVIUM es cultivar un modo fraternal y sinodal de vivir nuestras relaciones y nuestro pastoreo. Eso ayuda a la Iglesia a lanzar una voz profética, a ser un signo levantado en medio de nuestra gente y a invitar a sentarse juntos, para revitalizar nuestras comunidades concretas como parte del pueblo de Dios». Este modo de vida sigue atrayendo a muchos jóvenes para responder a la llamada de Jesucristo: tú, sígueme. Los sacerdotes siempre jóvenes de espíritu, los seminaristas, y los consagrados son la esperanza de la sociedad. 

 

 

Jesús Ortiz López

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